Inicio | Volver

POETAS EN LA RED

SÓLO EN EL SABE ES LIBRE, Y MÁS LIBRE EL QUE MÁS SABE...

Articles

NOTICIAS & NEW

Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

La vida

Hay un espacio físico en el que se representa la obra escénica de la vida. Calderón lo llamó teatro. Los clásicos nos advirtieron de los males en sí de la obra, la envidia, la codicia, la lujuria, los celos, la ambición, la desmesura del ego. Los clérigos nos señalaron el camino no sin el peligro de la condena. El soldado perdió la escena sin preguntarse por la obra. La obra arrastró al abismo a muchos que vivían la escena sin entenderla. Otros simplemente no la aceptaron. Los hubo que vivieron la vida como escena, y los hay que sin escena no cobran vida. En el teatro de la vida con o sin escena hay vida, ¿pero hay obra?, ¿qué es la obra? Unos escribieron el guión para otros, otros para sí mismos, otros para nadie. Hay guiones no escritos, guiones inconclusos, guiones perdidos, olvidados, condenados, inventados, falseados. ¿Hay guiones ciertos? Un guión es alguien que entra en el espacio físico y da vida a la obra. Un alguien es un guión que entra en la vida del espacio físico de la obra. Un espacio físico es allí donde alguien entra en la obra y da vida. Una obra es la vida de alguien en el espacio físico del guión. Me he perdido. ¿Qué es la obra? La obra es la vida escrita por un guión alguien que debe ser uno mismo en el espacio físico. La obra nace con la conciencia del fin de la vida. La bajada del telón marca el inicio de la obra. Es el tempo, el que no existe, el que es igual antes, durante que después, porque actor y espectador son uno y estoy en la butaca de la sala de platea simplemente mirando. La continuación del después de la obra hace que en el guión no todo vale. Debo escribir con unas pautas si quiero respetar la escena, la vida, la obra y el espacio físico en el que se representa. Nadie ha escrito el guión perfecto, nadie conoce la obra, ni tan siquiera el espacio físico, ¿y la vida? ¿Quién es alguien en la obra? En oriente a todo lo llaman ilusión. Romper el guión, la obra, alguien, y salirse del espacio físico es encontrarse con la conciencia de ser espectador. El mero espectador de una obra cuyo guión rompe cada acción vivida en la roca saliente del mar del pensamiento. La toma del ser espectador libera el condicionamiento del guión en la obra. Es la vía de la libertad. Nada puede encadenar a esa libertad. Porque esa libertad nace en el interior del alguien guión que vive la obra en el espacio físico. Soy preso de la obra, pero tengo una llave, a algún lugar en el que el espacio físico se abre y llego a ser libre por un instante de todo. Los místicos lo saben, el lector ahora también. Sólo la bajada del telón en el final de la obra, libera al alguien guión del espacio físico. Pero se puede asomar uno a ese momento y sentirse libre. Ese espacio físico suena, tiene sonido. El eco de la creación se puede escuchar en el espacio, hay que saber hacer silencio. La forma del sonido son ondas, ondulaciones perfectas que se arrastran en un oleaje perfecto de suave modulación. En la frecuencia alfa la subida y la bajada del telón se hacen una cuerda tensa que une dos instantes, el principio y el fin. Pruebe el lector a escuchar la música con tonos alfa. El misterio parece ser, y desde muy antiguo lo saben por ahí, no se donde, que el secreto de todo es la respiración. ¿Al lector no le enseñaron nunca a respirar? No se preocupe, a mí tampoco. Son esas cosas que ocurren. Hay guiones que se atreven a decir que gobiernan el espacio físico, la obra, sus guiones, los de los demás y la vida. Se pegan unos a otros porque los guiones cuando son de apenas unas páginas sepan que su espacio físico es más importante que otros, porque las letras que los llenan son más importantes que otras, o las únicas. Los hay que quieren ser los únicos guiones. Imagino que el lector estará aterrado. Desde aquí quiero decirle que no se preocupe, todo eso forma parte de la obra en sí, y no hay que darle la mayor importancia. Hay que aprender a respirar. Parece ser que la respiración es la clave para llegar a ese estado de conciencia de ser espectador. Lo ve el lector. Visto el fin del tempo, la ausencia del fin de la obra, la contemplación del ser actor y espectador al mismo tiempo; la relatividad del espacio físico, la obra y los guiones en la vida, llevan a la libertad, que se recuperará en su plenitud cuando caiga definitivamente el telón. Y no hay que hacer nada más que respirar. ¿Quién se lo hubiera dicho?

Rubén López