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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

El espejo

¿Me puede preguntar porqué voy a dedicar una columna a dicho artículo? Muy sencillo. Es imprescindible en nuestra cultura. Se lo voy a explicar mejor. La naturaleza no crea errores. Un Síndrome de Down es la única enfermedad cromosómica que permite la vida. Hace tiempo hablando con los Down, me explicaron que atraviesan el espejo. Misterio. No se como lo hacen, pero lo hacen. Aseguraron atravesarlo y adentrarse en un mundo paralelo. En él ven este mundo como un espectador. A través de esa experiencia el doble los guía por la vida. De quien deben fiarse, de quien no. Qué sucesos van a acontecer. ¿Tendremos los que no somos Downs un doble? ¿Podemos adentrarnos en el espejo? ¿Habremos perdido la inocencia imprescindible para tener las gracias de Dios que los sencillos tienen? Este mundo necesita recuperar la inocencia. Sed como niños o no entraréis en el Reino de los Cielos, dijo Jesús. Si no me cree, y no cree a los Down, rebusque en los cuentos infantiles, los hay donde el espejo juega ese papel, es la puerta hacia otro paralelo. Usted se duerme, y llega a un espejo enorme que lo devuelve toda su imagen. Se queda mirándola y de repente se abre una puerta hacia otra dimensión, atraviesa el espejo y entra en otro mundo. ¿Qué hay en esa dimensión? Buena pregunta. Existir, le garantizo que existe. Me lo han dicho los que lo han atravesado. ¿Se atrevería usted a hacerlo? Creo que hay que dejar de lado todo, para no tener nada, y cuando digo nada, es nada, para poder tener una experiencia así. Si los Down están en lo cierto, el cruce de la imagen tiene el acceso al conocimiento de hechos no acontecidos. Lo ve, son sencillos, humildes. ¿No está en la literatura el espejo como elemento imprescindible en la adivinación?  Siga leyendo cuentos infantiles. No lo voy a dar ni pistas ni títulos. El espejo lleva al doble. Y el doble aporta conocimiento. ¿Qué es el doble? No lo se. Creo que nuestra religión lo llama ángel de la guarda. ¿No cree que existe? Además de ser amigo de Down, tengo amigos presos. ¿Pero de la cárcel? Sí, sí, de la cárcel. Y un preso me contó que en pleno estado de excelente melopea, ya sabe, por la ingesta de ciertas sustancias, vio a gente gris vagar por ahí, por el éter. Iban tristes. Un rostro, que identificó claramente como su ángel de la guarda no lo recriminó, se limitó a iluminarlo con una sonrisa, fue suficiente. Al volver supo que había sido su ángel de la guarda. ¿Sabe el lector que es posible comunicarse con su ángel de la guarda? Yo lo hago. Le mando hacer cosas. Debe estar un poco harto de mi. Si me voy de viaje y no tengo cobertura, le mando que le diga al ángel de la guarda de mi madre, o de mi padre, o de mi hermano,  que estoy bien, que no se preocupen, para que el ángel de ellos se lo digan a su modo en persona. Le mando trabajar todo el día. Como ustedes no hacen trabajar a sus ángeles, al mío lo tengo trabajando día sí, y día también. Le escribo cartas, le cuento cosas, le comento como estoy, le doy las gracias por estar ahí. Llevo tantos años en silencio escuchándolo que trabajamos en equipo. Hay veces que  no lo hago caso. Y me arrepiento, porque cuando no lo hago ni caso, las cosas me salen mal. Me advierte de cosas, me previene. A usted tanto como a mi. Pero usted no se da cuenta. Le voy a poner un ejemplo y me entenderá. ¿No le ha pasado nunca, seguro que le ha pasado, ese acontecimiento importante en su vida, pero de verdad, por ejemplo lo que sea, ¿no se dejaba usted no se que?, y sin ese no se que, no hubiera usted podido hacer ese acontecimiento, ¿y no se acuerda como una voz le recordó ese no se que?, y gracias a esa voz, realizó usted ese acontecimiento. ¿Y qué cree usted que fue esa voz? Los científicos intentan buscar causas y estudiar el fenómeno, porque no se explican porqué ese algo que intentan estudiar le salva a usted en el último momento de morir atropellado por el autobús. Es su ángel de la guarda, pero nunca se lo diga a los científicos.  No lo creerán. Sólo ciertos milagros existen para los elegidos, como los Downs y su aventura con el espejo. Pero si ellos tienen una relación más personal con sus dobles, le garantizo lector, que debe esforzarse por comprender que un ángel lo protege a cada instante de su vida, y debe hacer lo posible por escucharlo. Récelo, escríbalo, escúchelo. No podrá mantener una conversación al estilo telefónico. ¿Qué tal? Y escuchar; -fenomenal, hace un buen día-. No. Podrá hablar, pero no escuchará nada. Eso sí, habrá momentos, especiales, ocurrirán en su trabajo, de camino a casa, comiendo, leyendo, dando un paseo, en cualquier instante, que oirá su voz, le dirá lo que sea. En ese momento sea consciente, escuche. Y esté atento. Hágale trabajar. Llegará un momento en el que habrá tal complicidad que su ayuda será irremplazable. No sea ingenuo y diga que le va a preguntar qué número saldrá premiado. Sea inteligente. No se lo va a decir. Su ángel de la guarda lo ayudará a vivir. ¿No le parece poco?

Rubén López