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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Sindicalismo

Gilbert Keith Chesterton decía; -Es posible que la frase “dictadura del proletariado” no tenga sentido alguno. Tanto valdría decir; “la omnipotencia de los conductores de autobús”. Es evidente que si un conductor fuese omnipotente, no conduciría un autobús-.

¿Usted se imagina a los astronautas como un gremio medieval, o a los ingenieros de la NASA fabricando artesanalmente naves espaciales, transmitiéndose el saber de padres a hijos?

¿Y a usted no le resulta extraño entrar en una empresa y ver en pleno siglo XX algo tan fuera de su tiempo como los sindicatos? En una sociedad anónima el capital está divido en participaciones llamadas acciones. ¿Quién es el dueño de la empresa? Los accionistas. O quien tenga el mayor número de acciones. Tenemos que construir aviones y poner en marcha una compañía aérea que cuesta millones de euros. ¿De dónde sacamos tal cantidad de dinero si ninguna inversión individual pueda costear tal gasto? Del capital reunido por la venta de las acciones. ¿Y el accionista qué gana? Un beneficio o dividendo si la cosa funciona. Esa empresa tendrá un consejo de administración, que gobierne la empresa dando cuentas a sus propietarios, los accionistas. Para crear la empresa y construir los aviones, necesitaremos operarios cualificados, ingenieros que diseñen, contables, economistas, azafatas, pilotos, y gente que cargue maletas. Porque sin estos últimos la compañía no funciona, al igual que sin el resto. ¿Dónde está la patronal y donde el obrero? En el siglo XIX, sí, en Manchester la mina era mía y los trabajadores se empleaban para mi. Y si yo decía que los niños trabajaban, los niños trabajaban. Y surgieron los sindicatos. ¿Y hoy? ¿Qué diferencia hay entre el piloto, el que carga las maletas, el que surte de queroseno al avión, el contable, el director de ventas o la azafata de la compañía? ¿Entonces que defienden los sindicatos y sobre todo los liberados sindicales? ¿Por qué los sindicatos no se atreven a dar el número exacto de liberados sindicales? Volvamos a la historia. Tenemos que construir aviones y montar una compañía aérea, reunimos el capital, montamos la junta de accionistas, el consejo de administración, contratamos azafatas, pilotos, mecánicos, al que carga las maletas, al señalero, al director de ventas y vemos que ocurre, si la compañía va bien o no. Pasado un tiempo en la compañía cada uno hace su labor salvo unos sinvergüenzas, normalmente los menos preparados; que, o no trabajan, o no saben hacerlo, generalmente ambas cosas a la vez, los menos ilustrados y habitualmente las personas menos simpáticas. Un día en un centro de trabajo, no voy a recordar donde, un liberado sindical le llamó a una compañera de trabajo riéndose de ella mientras le decía –tu ahí trabajando y yo tomando cañas y viendo la televisión-. Bien, sin hacer comentarios al respecto sobre el importante papel sindical que juega esta gente en la sociedad actual; y esta imagen es desgraciadamente la real; salvo muy contadas excepciones que acaban en la frustración y el ostracismo, la cuestión es que esto tiene que acabar. Los líderes de esta lacra se sientan en el palco del estadio de fútbol junto al presidente del club, cenan a razón de nada despreciables cantidades de euros en buenos restaurantes, y son los culiparlantes de turno de discursos que ya no tienen cabida en las sociedades modernas. Hay que poner a toda esta chusma a trabajar, que es lo que hace todo hijo de vecino para llegar a duras penas a fin de mes.

Rubén López