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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Regresiones

Ahora que está de moda todo lo herético, acudí después de leer ciertos libros a un taller impartido nada más y nada menos que por el mismísimo Brian Weiss, sobre regresiones. ¿Quién es Brian Weiss? Uno de los psiquiatras más prestigiosos del planeta, dirigió el Monte Sinaí de psiquiatría en Miami. Portada en la revista Vanity Fair, se hizo mundialmente famoso por sus libros sobre regresiones. ¿Qué es una regresión? Asegura el buen psiquiatra que un día sometió a hipnosis a un paciente en su consulta para retrotraerlo a la infancia. Al pedir al paciente que describiese lo que veía, describió escenas fuera del tiempo, narraba vestimentas de otros siglos y pincelaba un escenario muy antiguo. El psiquiatra pensó que aquello tenía que ser un error y repitió el asunto con el mismo resultado. Llegó a la conclusión de estar ante la presencia de una regresión a otra vida, en otro tiempo, y concluyó nada más y nada menos que muchos de los males que padecemos en esta vida, tienen su origen en otras vidas. Le voy a poner un ejemplo. A usted le da pánico el agua y no tiene motivo para comprender porqué tiene miedo al agua. El caso es que usted no se embarcaría en un crucero ni en broma y la sola idea lo asusta. No se preocupe, es según Brian Weiss, porque seguramente usted se ahogó en otra vida. Le someten a hipnosis, usted ve el asunto y se libra del mal. A mi esto me parece una barbaridad, pero la transmigración de las almas, cuestión filosófica central, me parece digna de reflexión, así que fui al taller. Brian Weiss nos explicó que la hipnosis no es lo que aparece en la televisión. Es literalmente imposible perder la conciencia en una sesión de hipnosis. Nos dijo que si usted ve a una persona en hipnosis haciendo el ganso en la televisión, es mentira. La hipnosis es simplemente un estado de máxima concentración. Ocurre de forma casi natural, cuando uno ve una película o lee un libro y pierde la noción de todo, salvo aquello que está viendo o leyendo. Bajo hipnosis nos hizo saborear un limón y, se te hacía la boca agua. Hicimos varios ejercicios de intercambiar objetos con personas a quienes no conocíamos y, bajo hipnosis, teníamos que ver algo representativo de la otra persona y decirle lo que veíamos. Pero el gran asunto fue el hecho de las regresiones en sí. Bajo hipnosis hicimos una regresión. Es muy difícil saber si lo que ves es sugestión o no. Casi todo, el noventa y nueve por ciento es pura sugestión a mi juicio. Sólo hubo un uno por ciento que realmente me llamó la atención y tengo que ser sincero. Vi en un flash, un imagen, como una instantánea, como si en un abrir y cerrar de ojos viese una imagen. Era un poblado africano, la imagen era radicalmente nítida, las cabañas estaban en un suelo no asfaltado, era un poblado africano, de nítidos colores y una luz intensa. Me vi de cintura para abajo, era un negro de la tribu. Nunca he estado en África, y no era la imagen de televisión. ¿Sugestión? Esa instantánea desde luego me llamó la atención. Consulté con un teólogo, profesor, escritor, jurado de cine, sacerdote que casó a mis padres y locutor de una importante cadena de radio que opinaba al respecto. Me mandó leer un libro escrito por un sacerdote que vivió muchos años en la India. Allí creen en estas cosas. Venía a decir que no podemos asegurar ni que sí, ni que no. Hasta donde la razón nos alcance, decía. Orígenes, considerado Padre de la Iglesia, sí creía en la reencarnación, hasta que el Segundo Concilio de Constantinopla condenó parte de su doctrina. Desde entonces el cristianismo rechaza la reencarnación. Creo sinceramente que no es para tanto el tema. Sí me parece preocupante el hecho de que se acepte como algo irrefutable en los tiempos que corren la reencarnación y la supuesta cura a través de la regresión de supuestos males pasados en otras vidas. Como adoctrina la new age. No hay pruebas ni a favor ni en contra concluyentes. El hecho de que exista o no la transmigración de las almas tampoco es tan relevante. Si acudimos al budismo que cree en ella, no deja de ser una vía de perfección. Si mediante la práctica espiritual uno logra vencer el deseo, la aversión y la ignorancia, al final sólo albergará un estado de paz, amor y sabiduría. Dejará de estar atado a la rueda de la vida y la muerte y no renacerá más. De acuerdo con el mahayan, en ese momento se presentan dos posibilidades. Disolverse en el nirvana o elegir renacer, movido por la compasión, para ayudar a los demás seres, según la leyenda Bodhisatva Avalokiteshvara.

La verdadera importancia es desmantelar los nuevos dogmas de fe, vacíos de contenido, que imperan en esta nueva sociedad de las buenas vibraciones, el merchandising de lo espiritual, nuevas eras y falsas curaciones. Y dejar a las tradiciones y religiones en paz, concordia y buena armonía. Ecumenismo, decía Juan Pablo II. Recomienda el Dalai Lama que cada uno siga el camino de perfección espiritual propio de su cultura, si ha nacido usted en un país de tradición cristiana, no se salga del cristianismo dice el Dalai Lama, le resultará más fácil que adentrarse por caminos desconocidos y lejanos. No hacen falta regresiones, ni reencarnaciones. ¿Qué más da?, si estoy aquí y ahora. Lo importante es llegar a Dios, y para ello tenemos la palabra revelada y el camino, la verdad y la vida, Jesús.

Rubén López