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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Valores

Se habla mucho de la pérdida de valores en la sociedad de hoy. Es cierto. Se han perdido todos. La sociedad en vez de avanzar, camina en claro retroceso. Faltan luces que iluminen y orienten estos tiempos, en los que se ensalza la mentira, el fraude, la trampa, el robo, la falsedad, el egoísmo, y se idolatra la imagen, la apariencia, la superficialidad y lo material. Si lee el libro “Millan Astray: Legionario” de Luis E. Togores, encontrará luz, le extraigo un breve fragmento:

Habrás de rendir culto al honor, culto que te obligará a que tu conducta en todos los órdenes, tanto militares como civiles, sea pura e inmaculada, depurada de todos sus conceptos, siempre inclinada al bien, evitando en todo momento los pasos falsos, las conductas dudosas y las compañías perniciosas. Culto al valor, que te sobreponga a las flaquezas humanas y al instinto de conservación, para ofrendar con gusto la vida y poder mirar a la muerte cara a cara; pero este valor ha de ser sereno, tranquilo, ecuánime, sin exaltaciones ni depresiones, sin despreciar al enemigo si fuera poco, ni temerle cuando sea mucho...Culto a la cortesía para que tus actos se rijan siempre con la exquisitez de los caballeros españoles; dulce en el trato, afable con todos, respetuosa para con los superiores, galante con las damas, singularmente amante y entusiasta del soldado, al cual has de cuidar constantemente, encauzándole y atendiéndole con fraternal cariño...Y como final, culto a la Patria, altar en donde has de ofrendar cuanto seas, todo lo que poseas, cuanto puedas valer, y como compendio y suma de los ofrecimientos, entregar en ese santo altar tu vida, con la seguridad de que sólo así la Patria será grande. Amamos a la patria y al sacrificio. El sacrificio es lo contrario del beneficio. Los que profesamos culto al sacrificio no lo rendiremos al dinero y, en cambio, entregaremos gozosos nuestro esfuerzo, y nuestro trabajo, la sangre, incluso trozos de nuestro cuerpo, y cuando llegue la hora, daremos gustosos la vida, que es el supremo tesoro que Dios nos otorga, para mejor servirle. Somos católicos, apostólicos y romanos...Buscaremos el renacimiento del honor, por el honor y para el honor. Haremos, hasta donde podamos, voto de modestia, sin buscar que nuestras legítimas ganancias lleguen a convertirnos en opulentos o plutócratas. Esto es romántico y lírico, porque es puramente espiritual. Y lo es porque en la lucha contra el materialismo que está emponzoñando el mundo entero, y en la lucha contra la inmoralidad reinante en la vida actual, como consecuencia de la guerra, es preciso que surja una Cruzada. (Millán Astray).

Rubén López