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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Testimonio de un monje

Se necesitan testimonios que alumbren este mundo en plena decadencia que nos ha tocado vivir. No he leído otro más acertado, sencillo, humilde, tan lleno de contenido, sabiduría, filosofía o teología como el que uno de los monjes de la cartuja del Grande Chartreuse ofrece en la película “El Gran Silencio”. El monje, totalmente ciego, nos narra con una simplicidad absoluta un diálogo crucial.

En 1984 el director Philip Gröning pidió permiso a la orden de los cartujos para rodar. Diecisiete años después recibió una llamada. Había llegado la hora. En un momento de la película, el monje habla:

¿Por qué temer a la muerte? Es el sino de todos los seres humanos.

Cuanto más te acercas a Dios, más feliz eres. Y es el fin de nuestra vida.

Cuanto más te acercas a Dios, más feliz eres y más rápido vas hacia Dios.

Te acercas a Dios.

Y prácticamente, no debes temer a la muerte, al contrario.

Es una gran alegría volver a encontrar un Padre.

El pasado, el presente…eso es humano.

En Dios no hay pasado. Sólo hay el presente.

Y cuando El nos ve, ve toda nuestra vida.

Y por eso…como es un ser infinitamente bueno, siempre busca nuestro bien.

Y todo lo que nos ocurre…no hay por qué preocuparse.

Doy muy a menudo gracias a Dios por haberme vuelto ciego.

Estoy seguro de que es por el bien de mi alma que lo ha permitido.

Es una lástima…el mundo ha perdido el sentido de Dios.

Es una lástima porque…ya no les queda razón para vivir.

Si suprimes el pensamiento de Dios, ¿para qué vivir?

Hay que partir del principio de que Dios es infinitamente bueno, y de que

todo lo que hace es por nuestro bien.

Por eso hay que estar siempre feliz, un cristiano jamás debe estar triste.

Porque todo lo que le ocurre lo quiere Dios y ocurre por el bien de su alma.

Eso es lo más importante.

Dios es infinitamente bueno, todopoderoso, y nos ayuda.

Hay que hacer eso y se es feliz.

Rubén López