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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Un día cualquiera

Ayer caminé despacio por la calle, miré hacia atrás y ya no estaba. La calle desaparecida era ahora la nada. No me preocupé, aunque es de reconocer que la cosa es extraña. Seguí andando y me encontré a un sujeto que portaba un espantapájaros. La verdad es que me resulto cuando menos curioso, pero tampoco me incomodé. Seguí andando. Al girar la esquina un señor algo serio bajaba y subía una y otra vez una escalera. Era llamativo verlo subir escalones sin razón, pero no le di importancia. Bajé la cuesta larga y angosta que da lugar a la plaza y al llegar regresé al inicio de la calle que había desaparecido. Me resultó asombroso, pero no me preocupé. ¿Para qué iba a hacerlo? ¿Qué día tan extraño? Al llegar al quiosco compré el periódico como de costumbre, me senté en una terraza y pedí un café con una bola de helado. El helado era descomunal, tan grande que pedí una pala de obrero, de esas que sirven para abrir zanjas. Estuve nada más y nada menos que cuatro días comiendo helado, con sus noches y todo. No dormí. Cerré y abrí la terraza de la cafetería sus días correspondientes. A mi no me importaba, me llamaba la atención, pero la cosa era así. Cuando quise leer el periódico había caducado, estaba atrasado. No sabía que ocurría en el momento presente, pero la verdad es que es mejor vivir así, sin enterarse de nada. Tengo una teoría, si se desconecta del mundo y pasa algo importante la noticia llega. ¿Cómo? No lo se. Llega. Dios no lo quiera, pero imaginemos que un mal nacido atenta contra la vida del Rey. Si está usted desconectado del mundo y se sienta en una piedra en medio de la montaña, vendrá alguien corriendo y le dirá ¿sabe que han atentado contra la vida del monarca? A mi me ha pasado. Es desagradable que te informen, pero ocurre. ¿Y qué es la información? Lo que no importa. A usted si le cuentan que tal político ha inaugurado una estatua sin cabeza en el parque de las maravillas de la villa de Tormantos, ¿sabe usted donde está Tormantos? ¿Le preocupa la obra del político en sí? Le garantizo que no. Lo que usted hace al leer semejante noticia es matar el tiempo o el rato como dicen en mi pueblo. Está usted tomando café y lee, calentando la silla en su trabajo y leer algo así lo entretiene. Realmente la información que rumia no lo interesa. Si mañana se produce un acontecimiento serio e importante seguro que demanda información. Querrá saber. A mi la realidad me parece aburrida. Pero lo que a mi me parezca o deje de parecer al lector no lo debe incomodar. Acabado el helado, después de cuatro días seguí caminando para terminar tumbado en el banco de la esquina boca arriba. Dormí durante tanto tiempo que al levantar un ojo descubrí que el día en el que había despertado no estaba en el calendario. Pensé que era llamativo, pero no se me ocurrió alterarme. Más bien me tranquilizó la situación, al menos iba a vivir un día no computable en el decurso de mi vida. Porque el lector debe saber que el tiempo corre hacia el salto allí donde el tiempo no existe. No lo engaño, la cosa va en serio. No se altere, pero tome medidas. En mi caso asumí el hecho y desde entonces vivo más libre y feliz, imagino que ocurrirá dentro de diez minutos y vivo el presente como si fuese el último. ¿Qué hago? Lo que creo que se debe hacer sin miedo alguno. Como si me quedasen diez minutos. Por ejemplo, ahora estoy escribiendo esto como si fuese lo último que escribo. ¿Y qué digo? Lo que quiero decir, lo que me da la gana, porque da igual, porque me quedan diez minutos. ¿Y qué digo? Voy a pensar porque no lo se. Se me ocurre decirle lector, aprovechando que me quedan diez minutos, que no rumie información, que deje de leer este estúpido desvarío ahora mismo y que se vaya donde quiera y lea no información, sino literatura de verdad, ¿qué por dónde empieza? Por los clásicos lector. Cuanto más antiguos mejor, se lo recomiendo.

Canta, oh musa, la cólera del pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves cumplíase la voluntad de Zeus desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles

No leerá nada mejor, se lo garantizo. No querrá leer nada más. Créame. Una vez leído y leído, abra el periódico de vez en cuando, usted sabrá. Descubrirá que todo ha ocurrido ya, no hay nada nuevo bajo el Sol, decía Borges, y sin embargo todo parece nuevo. Referíase al viajar, pero lo hago aplicable aquí porque me quedan quince minutos. Es más, descubrirá cuan aburrida es la vida de hoy en día. Bostezará, se estirará y resoplará. Váyase con el canto de la musa, corra atrás en el tiempo.

Rubén López