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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

La tapia

            Sentado apoyando la espalda contra una tapia leía un libro en pleno campo. Levanté la vista, hice un alto en la lectura, y contemplé el ganado que delante de mí pastaba tranquilamente tras la cerca. Al cabo de un rato, pensé en el futuro de los animales. Bajo un radiante sol, y un primaveral día, ajenos a todo, vivían tranquilos. Pobres, pensé, no son conscientes del sacrificio que les espera, el matadero. Mirando al ganado pensé en la vida. La distancia y el raciocinio, por un instante, me hizo sentir una especie de superioridad hacia los animales. Los contemplaba como una especie de Dios atento a sus designios. Habían nacido estabulados, eran controlados por la mano del hombre, vivían cercados y alimentados por una voluntad. Eran atendidos y vacunados. Una mano los sostenía. Pero vivían sin ser conscientes de su tarea, de su fin, ser mera mercancía. Mucha gente, pensé, vive así. Cercada en su establo, alimentada, atendida, ocupada temporalmente y ajena a su destino. En el rebaño es alguien más, se identifica, hace bulto. El aborregamiento es la identidad de la mayoría. ¿Cuál es el peligro? El uno más del rebaño generalmente es una persona ajena a la madurez, aislada no es capaz de mucho, sino más bien de nada. Consciente o no de esa limitación, requiere el calor de su vivo retrato para diluirse. La conversación del rebaño es banal, vacía. El uno más de la masa asiente sin pensar, no escucha, habla, todo por estar integrado. Sus movimientos son puro reflejo, ¿qué pasa?, hay que estar atento, no vaya a perder la manada. ¿Quién la dirige? Nadie, no sigue directrices, es un banco de peces en el océano, se mueve en direcciones contrarias. Por eso la manada es manipulable. El rebaño tiene el peligro de la fuerza del grupo. Los uno más unidos hacen, conforman, una fuerza de choque destructiva. El peligro para la manada de los uno más, es el nacimiento del líder carismático que los guíe. Entonces la sinergia es de tal calibre que la fuerza se desata. Energías individuales darán todo por la manada liderada. El hombre es un ser social por naturaleza y requiere vivir en sociedad. Pero una cosa es eso, y otra renunciar al ser hombre para ser uno más del rebaño. Seguí contemplando el ganado. Pensé en su desprecio al destino. En su ausencia total de  la idea de la muerte. Cornelius Castoriadis, dijo que el principal problema de occidente, es que en él, el hombre  no ha asumido ni su libertad, ni su mortalidad. No hay nada más peligroso que vivir de espaldas a la muerte. Lea Vida después de la vida de Raymond Moody. Contemplando desde mi altura al ganado, pensando en su destino final y en su inocencia, un pensamiento me sobresaltó. Tomé conciencia. Pensé en la tapia que sujetaba mi espalda. Era la pared del cementerio. En ese instante comprendí que la diferencia entre aquellos animales y mi persona no existía. En mi vida, también había una mano que me tiende alimento, me cuida, atiende, y observa. Y una pregunta salió a mi encuentro, ¿Soy consciente de mi fin?

Rubén López