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POETAS EN LA RED

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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

El telón     

Se abre el telón y aparece un rostro tapado. La mano extendida hacia el cielo sujeta una espada. La espada apunta al techo. Sobre el escenario la niebla cubre el suelo, apenas una luz se extingue al fondo. Tinieblas. La otra mano sujeta unas cadenas. Suenan. No hay decorado. La música apenas perceptible augura un mal presagio. Se hace la oscuridad y se oye el sonido del metal al caer. El cuerpo yerto desaparece cubierto por la bruma. Silencio. Una cadencia de notas musicales suena, violines, violas, flautas, oboes, tambores y trompetas. Nace la luz sobre la escena. El rostro tapado renace, la espada es envainada y hay movimiento. El mal augurio ha pasado. La música acelera los pasos. Entran más y más rostros tapados. Comienza una danza. Cuando el silencio recobra su musicalidad los rostros se desvanecen por entre la niebla. La orquesta nivela el vacío, y comienza a sonar, nace la vida y algo se mueve. Sobre el escenario saltan y desaparecen, con mayor o menor rapidez. Según avanza la sinfonía más y más rostros tapados hacen acto de presencia, apareciendo y esfumándose. La luz se enciende, atenúa, apaga, resalta, estalla. El silencio lo detiene todo. Me pregunto qué habrá detrás de esos rostros tapados. Salto de la butaca. Recorro el pasillo y desemboco en el proscenio, atravieso el arco de embocadura y aguardo en la chácena. Desde allí contemplo el escenario. No distingo muy bien. La música es demasiado acelerada, los rostros tapados apenas duran unos segundos y se desvanecen, la luz me ciega. Avanzo, doy unos pasos, casi me dejo ver. El silencio vuelve a apagar la escena. Tengo que esperar. Una flauta suena, un violín también. Ahí están, dos rostros tapados, los veo. Se mecen suavemente, la luz permite distinguirlos. Son claramente una corchea y una redonda. Son notas musicales. Existen. Tienen vida. Un número indefinido desfila ante mis ojos, la luz brilla. La sinfonía está próxima a su fin. Retumba toda la orquesta, es algo glorioso, digno de ver. La batuta golpea en seco el aire. Todos los rostros tapados desaparecen al unísono clamor de la platea. Se baja el telón.

Rubén López