Inicio | Volver

POETAS EN LA RED

SÓLO EN EL SABE ES LIBRE, Y MÁS LIBRE EL QUE MÁS SABE...

Articles

NOTICIAS & NEW

Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

La cárcel

Seguro que si le digo a usted que la cárcel ha sido uno de los lugares más instructivos de mi vida, por el que doy gracias a Dios, y en el que he conocido entre otras personas a las más felices que jamás se hayan cruzado por mi vida, pensará que estoy no muy bien de la cabeza. Pues créame. No voy a justificar los asesinatos, ni los delitos de los F.I.E.S., ni del resto de reclusos y reclusas con los que hablé. No voy a decirle que está bien lo que han hecho, porque no es así. Lo que quiero decir es que en la cárcel comprendí lo que dice la Biblia en Lucas 6:37;

No juzguéis, y no seréis juzgados, no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

Si atendemos a los hechos juzgaremos objetivamente la conducta de una persona. Es lo que mandan los cánones jurídicos que hoy imperan, fruto de una concepción positivista del Derecho. La justicia está en la Ley, de forma aséptica, objetiva. Pero imagínese que su padre arrancaba los cables de la luz para pegarle palizas que casi lo mataban, a su hermano asesinado previa tortura, media familia de usted delincuente, encerrado sin ropa en la terraza en invierno, en un automóvil como única vivienda. ¿Quiere que siga? No, no lo haré. ¿Qué hubiera hecho usted? ¿Hubiera estudiado Ciencias Físicas y leído alta literatura? Yo no. El viejo iusnaturalismo queda condenado al ostracismo y deja al Imperio de la Ley el camino expedito hacia la dictadura de la judicatura. Hasta el último preso sabe que hay dos leyes, la de los hombres y una ley no escrita que es tan real como la vida misma. Si usted mata y ningún hombre lo condena no se preocupe, una justicia de orden superior lo juzgará. Un preso me contó como el dinero robado se escurre de las manos, vuela. ¿Es esa justicia lenta discutí con un preso? Inmediata, nos dio la impresión. La ley humana debería ser lo más próxima a esa justicia de orden superior, pero no lo es. Lo peor no sólo es que no lo sea, sino que esa Ley objetiva que pretende medir a todos con la misma regla, no sólo no lo hace, sino todo lo contrario. Jimmy Hendrix o Whitney Houston son enfermos, un ejecutivo un juerguista y cualquiera de mis presos un drogadicto o yonki. Y sólo el drogadicto o yonki es carne de presidio. ¿Por qué? Porque ante la Ley todos somos iguales, pero unos más que otros.

Rubén López