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POETAS EN LA RED

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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

María Jesús

El teléfono trajo la noticia. Al otro lado una voz temblorosa me dijo, María Jesús ha muerto. Un dolor atroz recorrió todo mi ser, no se iba. Todo comenzó hace ya muchos años. En aquellas aulas de El Pilar. El colegio salesiano de Soto del Real daba cátedra a la profesora María Jesús. Literatura. Fue mi profesora de literatura. Hasta el paso por mi vida de María Jesús había leído, desde muy pronto por obligación, sin leer. En aquellas aulas aprendí a hacerlo. Tenía quince años. La profesora apenas llegaba al metro cincuenta. Era tan delgada que necesitó varios intentos para poder traer un hijo al mundo. Cuando entraba en el aula no nos dábamos cuenta. Seguíamos bulliciosamente hablando hasta que un golpe en la mesa y la voz en grito de la profesora, nos sentaban en disposición. Siempre nos mandó lecturas, durante todo el año. Leídas en casa, eran sometidas a debate bajo una estricta norma, valía cualquier interpretación seria, abierta y argumentada sobre la obra. Nunca observé a ningún alumno permanecer ajeno a aquellas clases, a ninguno. Hasta el más insurrecto intervino. Los debates se ceñían a textos clásicos de la literatura, alta literatura. Aquel metro y medio de profesora nos hizo lidiar con los grandes, y sobre todo, nos hizo lectores. Antes de empezar la clase colocábamos minuciosamente el borrador encima del encerado junto con las tizas, porque la profesora no alcanzaba la altura necesaria para recogerlos. Así comenzaron siempre las clases de literatura, con la inicial orden dirigida a quien fuera, para que bajara los utensilios de faena. Una vez pertrechada, María Jesús comenzaba sus clases. El encerado al fondo, apenas veintiocho alumnos escuchando, el techo en caída aguardillada hacia las ventanas, el campo detrás, frío, y libros, muchos libros. A pie de la montaña, Tolstoi, Joyce, Galdós,Valle Inclán, Cervantes, Cela, iban llenando el aula página a página. -Lo importante del bachillerato no es lo que aprendáis, tarde o temprano se olvida. Lo importante es que salgáis lectores-, decía. El verdadero arte de María Jesús estuvo en hacer partícipes a sus alumnos dando muestras de auténtico respeto y valía a cualquier opinión que se manifestase en clase. Apoyado sobre el texto, el alumno pudo pensar sobre lo escrito y expresarse, reprender opiniones, reforzarlas, criticarlas, apoyarlas o guardar silencio. En libertad. Entramos en el mundo creado por la literatura de la mano de una profesora, lo hicimos colectivamente. María Jesús fue la mano que nos enseñó a volar solos por el mundo que dejó hace apenas unos meses. Sin aquellas clases, sin aquellas aulas, sin aquel entorno, sin ella, la literatura nunca habría entrado en nuestras vidas. La literatura ha sido el catalizador en la mía. La literatura me ha devuelto a la realidad en los buenos momentos, y ha evitado el hundimiento en los malos. Es por ello, que a aquella profesora le debo, poco menos que la vida. Se fue. Imagino que donde las palabras merecen que esté, habrá ido libre por el camino del sueño donde habitan las letras, allí donde nace la poesía, los libros se fabrican y almacenan en estantes de cristal a la espera de ser escritos, y las palabras vuelan libres. Así lo deseo. Se puede pasar por este mundo de muchas maneras, pero hacerlo en un aula, enseñando a leer, y a enfrentar la vida con las armas del negro sobre blanco merece la memoria de los inmortales. Que así sea.

Rubén López