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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Zulema

El cielo estaba completamente nublado. Los claros se confundían con nubes negras y amenazantes. Lloviznaba. El suelo estaba completamente mojado. Las hojas caídas se arremolinaban por todas las aceras y calzadas de las calles. Los charcos salpicaban aquí y allá. El viento soplaba a ráfagas intermitentes. Algunas de ellas paraban al andar y dificultaban el avance. Era el típico día de noviembre, invernal. La escena no era sino la más apropiada para rodar una película como El Exorcista. Llegué temprano a Zulema, la urbanización de Alcalá de Henares, donde el padre Fortea, exorcista, ejercía su ministerio como párroco de la iglesia de Nuestra Señora de Zulema. Llegué pronto. Tomé un café en el club social de la urbanización y aguardé a la hora convenida para nuestro encuentro. La iglesia me pareció de un austero ladrillo, sencilla. En la puerta, un coche negro custodiaba la entrada, más tarde supe que era su automóvil. El día imponía y acompañaba la escena para conversar con un exorcista. Realmente estaba algo asustado. Entré en el templo y me sobresalté al ver al fondo a un hombre totalmente cubierto, cabeza incluida, a modo de fraile. Capucha puesta, vagaba por los pasillos de la iglesia soportando un libro sobre las manos en actitud orante. Al acercarse a mi, el padre Fortea me preguntó si quería explicarle mi caso particular, a lo que respondí negativamente, le recordé nuestra entrevista y me hizo muy amablemente esperar en un banco de la iglesia. Al cabo de un rato, salió vestido esta vez a su uso habitual de cleriman y dimos un paseo por los aledaños de la parroquia. Con una verdadera autoridad, y de forma muy cordial atendió a todas mis preguntas. Fortea me explicó que Satanás es una figura que pertenece no a este mundo, pero sí que existe como entidad. No es una figura retórica o alegórica para explicar el mal en el mundo, sino que es una entidad con la que se puede hablar perfectamente. Satanás era un ángel, y como entidad angelical se revela ante Dios. Su conversión es imposible, puesto que ha renunciado a Dios y su principal arma es la tentación. No actúa directamente sobre el ser humano, sino que tienta al hombre mediante sus argucias. Dios no lucha contra nadie. No existe una lucha contra Satanás por parte de Dios. Satanás ha desobedecido a Dios, se ha revelado y obra. De ahí que la voluntad de la persona de seguir a Dios, amarlo, sea fundamental. La voluntad de la persona es muy importante según Fortea. Por mucho que amemos a alguien y queramos todo el bien para esa persona, es esa persona la que tiene que querer salir de donde está. Satanás no se puede destruir, y si fuera posible, el mal no dejaría de existir. Hay que diferenciar, según él, el mal que es obra del hombre y el mal que el hombre hace por tentación de Satanás. Son dos cosas completamente diferentes. Sólo un exorcista puede saber si realmente una persona está poseída o no. Vivimos tiempos en los que incluso se ven exorcismos laicos, pero sólo un exorcista está adiestrado para conocer el estado de una persona. Y solo él tiene el poder que le otorga su ministerio de expulsar al maligno. Le pregunté reiteradamente si sentía algún tipo de miedo por su labor y sinceramente me contestó que no. -El manto de la Virgen me protege-, fue la frase que con firmeza repitió. Le recomiendo vivamente su libro “Summa Daemoniaca”, lealo. Si quiere algún consejo que me dio para evitar al maligno, se lo doy; rece todos los días el rosario, acuda un rato al templo, si se oficia la misa y acude mejor, y lea todos los días un rato la Biblia.

Rubén López