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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Desierto

Entré en la casa de Don Ángel Moreno de Buenafuente, puntual, a la hora que me había indicado. Amablemente me pasó al inmenso salón jalonado por cientos de libros que rebosan las paredes. Don Ángel se sentó en su butaca y comenzamos una tertulia centrada en la meditación. Meditación en el sentido de oración. Tras Don Ángel, su ordenador seguía encendido, así como la lámpara de su mesa de trabajo. Los folios se acumulaban por toda la mesa e imagino que habría suspendido algún trabajo de escritura para atender mi visita. La casa de Don Ángel está enclavada en el mismo Monasterio de Buenafuente del Sistal. En el silencio de la mañana, era temprano, en los albores del fin del invierno, hacia el deshielo de las altas cumbres, aunque allí no haya sino puro monte, le pregunté a Don Ángel sobre la meditación. La sensación que tuve en todo momento fue la de dialogar con un hombre bondadoso y sobre todo sabio.

Don Ángel refirió la vida como un desierto. Nacemos solos, vivimos solos y morimos solos. Hago si me permite el lector un inciso y alego a la alta literatura; Mika Waltari en “Sinuhe el egipcio”, John Steinbeck en “Las uvas de la ira” o Céline en “Viaje al fin de la noche”, también lo hacen. Significa eso que, aun estando rodeados de gente, estamos solos. Una travesía es el vivir desde el nacimiento hasta la muerte. Y la vida en sí, no es sino el anhelo de volver al creador. Asumir esa soledad, ese desierto no es tarea fácil. De ese despiste surge el aventurarse por cualquier tarea que nos distrae de esa realidad. Le doy un consejo. Viaje sin billete de vuelta al desierto, quizá regrese. Saboree ese desierto. Después no compre el billete de regreso, vuelva usted andando. No lo molesto más. Le doy resumida mi conversación con Don Ángel, escrita en frases sueltas tomadas a vuela pluma sobre una cuartilla de papel, recompuesta con la mochila queda a la espera de la próxima partida y al albor del viaje concluido.

-Don Ángel, ¿qué es la meditación?

“Santa Teresa sigue momentos para el crecimiento dado por los estudiosos de la época. Pero descubre que el material estorba y renuncia a ellos para entrar en la humildad de Cristo. Está por la santísima humildad. El espíritu es no posesión. Es muy importante para la mística cristiana la encarnación. Conciencia permanente de la soledad. Gracia, es no sólo empeño, es Don. Es Gracia, no es regalo.

Meditación: La abstracción en sí puede ser mala. Hay que saber cual es la llamada vital, intuir la armonía. En el proceso de la meditación se dan fenómenos psíquico-biológicos que pueden generar una psicodependencia. Si no es para el yo, sino que fruto de esa práctica se encuentra el tu, y es para el tu, identificado en el cristianismo como Jesús, aunque no es una práctica cristiana no es malo.

Explica los pasajes de la Biblia: Cristo de Daniel y los tres jóvenes de Babilonia.

Unidad, certeza de honra a Dios. Como vivir con los leones sin ser arañado.

Si hay un divorcio entre el mundo de lo grotesco, de lo banal de ahí fuera y tu crecimiento personal, se puede vivir en el mundo sin ser arañado por los leones. Sin oler a humo como los jóvenes de Babilonia cuando tenían el horno preparado para su cremación.

Lo que ocurre es que ahora puedes estar en perfecto equilibrio y dentro de cinco minutos tienes que estar ahí fuera con el agua al cuello. Hay que tener presente, hacer presente la figura de Cristo, todo por Él, todo por Él, todo por Él. En la medida de lo posible hacer permanente esa presencia de la bondad de Dios en todo momento.

Hay situaciones que no se pueden vencer por la violencia, sino que hay que esperar y la situación se resuelve sola. La tentación se da por el camino de la violencia. Si no hay violencia se pasa. Cuando la niebla baja, no levantes la tienda. Si la levantas te pierdes.

Un hombre quería llegar al Monasterio de la Sabiduría. Había un desfiladero muy estrecho por el que había que pasar para llegar a él. En el desfiladero encontró a unos perros salvajes. Se sentó. Cuando se intentaba levantar los perros se levantaban y le amenazaban. Permaneció sentado. Si intentaba atacar, iba a ser devorado por los perros. No podía hacer nada. Cuando estés en una situación así, no hagas nada. El pastor de los perros se había olvidado de ellos, así que bajó y se los llevó. El hombre se encontró con el camino despejado y llegó al Templo de la Sabiduría. Si haces violencia los perros te comen, te matan y pierdes el Monasterio de la sabiduría.

Todo es bueno si conduce a Él”.

Rubén López