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POETAS EN LA RED

SÓLO EN EL SABE ES LIBRE, Y MÁS LIBRE EL QUE MÁS SABE...

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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Mi jefa

En varias ocasiones me ha ocurrido lo que voy a narrar a continuación. Tanto con jefes como con jefas, no parece que tenga que ver la cosa con eso que hoy se llama género, he vivido la misma experiencia. Estando sentado en mi puesto de trabajo, sin venir a cuento me han dicho no tienes ni idea. Todavía a día de hoy no encuentro explicación singular alguna, pero voy a llevar a cabo una interpretación libre de la expresión. Por ejemplo, la vez que un responsable me alegró con la frase, fue de la mano de una de mis jefas. La miembra, como dirían los socialistas, casada con un constructor debía navegar por los mares de la abundancia económica. En mi humilde posición, gastaba mi tiempo libre en la lectura de la alta literatura, los paseos por la montaña y el único placer que me permito con derroche, el café y la tertulia entorno a una mesa y unas sillas con personas de valía. Mi nómina, si no recuerdo mal, era de unos setecientos cincuenta euros mensuales más o menos. El no tienes ni idea imagino que sería algo así como mira donde estás, y donde estoy yo. Ni que decir tiene, que la sabia no había abierto, y a día de hoy se puede decir lo mismo en presente de indicativo, un libro en su vida, ni estudiado absolutamente nada. No he visto jamás en mi vida profesional a un directivo o responsable seriamente formado. Y los pocos que he encontrado carecen de cualquier mínimo atisbo de consideración humana y respetabilidad. El cuadro de mandos de una empresa no es sino en términos generales un cúmulo de lo peor de la clase. No creo que lo académico tenga que ser la regla de medir de todo responsable. Hay muchas personas de una valía extraordinaria sin título. Me refiero a la formación como persona. Lo peor de la clase. Un magma así quiebra bancos, genera crisis, gestiona mal, crea paro y un clima laboral infernal. Una persona sin formación; insisto humana; no frena la inmoralidad, las malas conductas ni premia el buen hacer, no dinamiza, no es un catalizador ni un organizador del juego. Es precisamente lo contrario, un comodín de las malas reglas. Generalmente el mando inepto, por miedo, baja la guardia ante el mal y castiga el bien. Una familia, organización o país, que no condena, que no reprueba las malas conductas, castigándolas, verá crecer el mal y a éste corroerlo todo. Los tiempos que corren ascienden la falsedad, la mediocridad, la mentira, la imagen, la superficialidad, la hipocresía, la inmoralidad, la banalidad, la ignorancia, la arrogancia, la soberbia, la ira, el desprecio, la ruindad, la ambición, el mal gusto, y lo que es peor, la venganza. A lo largo de mi vida he hecho amistad con gente importante, famosa incluso, escritores y escritoras consagrados, gentes de todo tipo, pero jamás en mi vida profesional he hecho amistad con un solo responsable. No tengo nada en contra de nadie por principio. No podría tener una conversación medianamente interesante ni enriquecedora con ningún responsable con quien me he cruzado. No he visto en mi vida El gran hermano, ni Operación Triunfo, Crónicas Marcianas, o ningún otro programa que componga la pléyade de la telebasura. Que nadie me pregunte quien es tal o cual famoso o famosa, porque ni lo se ni me importa, y su vida privada menos todavía. ¿Con quién voy a hablar entonces? A lo largo de mi vida profesional sólo he acumulado la amistad de personas que realmente merecen la pena, gentes de a pie. Pero sigamos con mi jefa, la del no tienes ni idea. Era, imagino que lo seguirá siendo, responsable de unas doce personas. Ante semejante tamaño pensará usted que la humildad sería la causa, pues se equivoca. El Duque de Alba dudo que tuviera la altivez que he visto derrochar siempre en semejantes especímenes de personas, responsables siempre de tan ridículo número de empleados. Con mis propios ojos he contemplado a compañeros y compañeras aparentemente normales, ser nombrados en cargos de este tipo y metamorfosearse en seres malévolos. Créame si le digo, que he visto de un día para otro a la misma persona cambiar su atuendo habitual, imagen y forma de comportarse, por tan sólo supervisar nimias tareas. En la cárcel, por buen comportamiento, puede ser premiado un recluso con alguna tarea, como fregar suelos, a cambio de un pequeño importe económico a modo de gratificación. La tarea en sí, se convierte en un cierto privilegio. Un preso me contó como había visto a reclusos mirar por encima del hombro a los otros por ostentar dicho honor, fregar suelos. Así es el ser humano. El preso me decía, -si esto pasa aquí, qué pasará con los políticos, directivos y otros sujetos, cuando son ascendidos a las alturas; se convertirán en auténticos peligros para la sociedad-. Así es. Pero la vida pasa factura. Llegó la crisis. Mi jefa, la del no tienes ni idea, se había hipotecado hasta las cejas, comprado vehículos de gran cilindrada, y llevado una vida alegre. Su marido, el constructor quebró. A día de hoy trabaja para pagar letras y deudas. Esta columna la van a leer miles de personas, se lo garantizo. A mi me da igual, se lo digo en serio. Después de escribir estas líneas me sigue esperando la alta literatura, el paseo por la montaña, y la buena tertulia entorno a una mesa y unas sillas degustando un buen café. Sigo hablando con las únicas personas que todavía quedan en el mundo, son pocas, generalmente están detrás de la barra, limpian, estudian sin más, trabajan en sus negocios o despachan en algún comercio. La austeridad y la alta literatura siempre han sido un seguro de vida. Me lo enseñó un síndrome de Down, al decirme un buen día, el que mucho lee, puede trabajar en cualquier imprenta.

Rubén López