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Diego Pedrosa

RUBÉN LÓPEZ SÁNCHEZ

Gloria Fuertes

¿Quién no recuerda con cariño a aquella mujer divertida y entrañable? Las tardes de televisión se llenaban con la voz inconfundible de Gloria. Reía con su forma de hablar. Leía versos, muchos versos. Pasaron los años y crecí. Siempre la llevé en el recuerdo, como aquella simpática poeta, no le gustaba poetisa, infantil.

Si me hubieran preguntado quién fue Gloria Fuertes, hubiera comentado esa visión, aquella imagen. Una mujer en mi época ya algo mayor, que leía versos para niños en televisión.

El aula de la cárcel estaba vacía, sólo el escueto mobiliario vestía la estancia. Tenía un par de horas por delante de encuentro con una presa. Comenzamos a hablar. Ese día me tocaba el módulo de madres. La justicia, la prisión, la vida, pasaban por nuestra conversación. Una presa colgaba meticulosamente unas cartulinas con frases por las paredes. Cuando terminó de hacerlo, se acercó, me besó y dio las gracias por mi conversación, la había escuchado. Terminé el día en la cárcel y una curiosidad se adueñó de mí, ¿qué habría escrito en las cartulinas? Una a una, fui leyendo las frases, eran de una profundidad asombrosa. No podía parar de leerlas, las releí. No podía salir de mi asombro. El aula de la cárcel rebosaba frases de Gloria Fuertes.

Sobre el césped los árboles me hablan
del divino poema del silencio.
La noche me sorprende sin sonrisas,
revolviendo en mi alma los recuerdos.

-x-

A esta isla que soy, si alguien llega
que se encuentre con algo es mi deseo,
manantiales de versos encendidos
y cascadas de paz es lo que tengo.

-x-

...Y el viento me acaricia dulcemente,
y se marcha insensible a mi deseo...

Ante el recuerdo de aquella sonrisa, que recitaba versos, me quité el sombrero, y profundicé. A Gloria Fuertes le han caído encima tesis doctorales, premios, reconocimientos, una fundación, y un lugar con nombre propio en la literatura. En la cárcel descubrí que aquella voz de programas infantiles, era un torrente de filosofía y mucho más, una fuerza de la naturaleza desatada, no es broma. Entre rejas todo suena distinto y no hay lugar para bagatelas. Entre barrotes descubrí a una escritora con mayúsculas.

Para mí es un placer ser ignorada,
Isla ignorada del océano eterno.
En el centro del mundo sin un libro,
SÉ TODO, porque vino un misionero
Y me dejó una Cruz para la vida
-para la muerte me dejó un misterio-.
Gloria Fuertes

Rubén López