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"TODOS HABLAN DE MI... PERO NADIE PIENSA EN MI"

Friedrich Nietzsche (1844-1900). Nihilista, intempestivo y genial, la obra de este visionario mantiene aún en tensión el pensamiento de nuestros días. Fue el filósofo de la vida, capaz de exprimir la historia de Europa para extraer de ella unas gotas en las que demostrar hasta qué punto su apasionada persecución de la verdad le llevaba a renegar de la verdad.

Yo soy un hombre, soy dinamita (Ecce Homo). Si lo más representativo de una época es lo que podemos denominar su cultura, la dinamita de Nietzsche va dirigida, en nombre de la vida, contra una cultura decadente, vieja y sin vigencia que, según su criterio, dominaba la sociedad en la que existió. Frete a esta cultura, Nietzsche hará su propia propuesta formulada en la llamada cultura de los los enfoques científicos, en nombre de los cuales se ha atentado contra cualesquiera otras formas de vida y de interpretación de la realidad. Nietzsche toma conciencia de que tal mentalidad ha dado ya de sí todo lo que cabía esperar y cree llegado el momento de que afloren la creación, el arte, lo lúcido, lo dionisiaco frete a lo apolíneo, mortecino y dominante. En una palabra, ha llegado la hora de la alternativa irracional.

El Crepúsculo de los ídolos El Gay Saber Así hablaba Zaratustra
El origen de la tragedia Humano demasiado humano Más allá del bien y del mal
El Anticristo Consideraciones Intempestivas I El nacimiento de la tragedia
La genealogía de la moral

Ecce Homo

 

EL CREPÚSCULO DE LOS ÍDOLOS

EL término idiosincrasia lo emplea Nietzsche con su significado habitual de peculiaridad, pero haciendo hincapié en lo que hay en ella de idiota.

El egipticismo es la tendencia a la permanencia estática, a la petrificación y a la intemporalidad. En su obra Miscelánea de Opiniones y Sentencias dice Nietzsche: "cuando un pueblo tiene muchas cosas fijas, ello es prueba que quiere petrificarse y de que le gustaría convertí ser del todo en un monumento; como ocurrió, a partir de un determinado momento, con el mundo egipcio"

Nietzsche califica lo peculiar de los filósofos con las notas de falta de sentido histórico, su odio a la nación de devenir y su tendencia al estatismo y la petrificación. Se está refiriendo a los filósofos dogmáticos, idealistas y de corte platónico que manifiestan una concepción de las cosas como si fuera definitivamente como ya son, en vez de considerarlas como en continua creación, en permanente desarrollo creativo.

Cualquier elemento que afecte a l estabilidad de las cosas no es más que aspectos que no deben ser considerados. Su estatismo les lleva a considerar que sólo es lo que está quieto, lo que no cambia ni deviene. Lo que deviene, no es. Se trata, en definitiva, de la negación del tiempo, la separación del ser y el tiempo, del mundo de los fenómenos y de un mundo en sí no sujeto al cambio.

¿Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?... por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la nación misma de devenir, su egiptismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni (desde la perspectiva de lo eterno), -cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, eso señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, -se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el camino, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objetivos, -incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es...

Los filósofos creen sólo en lo que es, pero, como no pueden captarlo en su totalidad, tiene que admitir que hay algo que los engaña. Es decir, no dudan del punto de partida, de la toma de postura previa, sino de algún elemento intermedio de los que interviene en el intento de percibir eso que es. Así, encuentran ese elemento de duda en los sentidos que son los que nos engañan dándonos una falsa información sobre el mundo que consideran verdadero, un mundo en sí.

Como consecuencia tiene a no considerar los sentidos ni todo aquello que se deriva de ellos, como es, por ejemplo, la historia en tanto que conocimiento directo de los hechos. Todo lo que está teñido por los sentidos es propio del pueblo, de quienes no tienen el conocimiento elevado, pero irreal, de los filósofos.

El "monótono-teísmo" es una expresión burlesca con la que Nietzsche se refiere a la concepción estática cristiana del monoteísmo.

La exclusión de los sentidos afecta no sólo al conocimiento, sino también a todo lo que afecta al cuerpo, el elemento tan alejado del alma capaz de conseguir un conocimiento de lo que as cosas son, a juicio de los filósofos.

Ahora bien, todo ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no puede apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engaño? "Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es "pueblo". ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono.teísmo con una mímica de sepulturero! - ¡Y, sobre todo, fuera del cuerpo, esa lamentable idée fixe (idea fija) de los sentidos!. ¡Sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!."

En toda su obra manifiesta Nietzsche un gran respeto a la figura de Heráclito. Su rechazo de los sentidos no se basaba en que mostraran el cambio y la pluralidad, sino justamente por lo contrario, porque mostraban la duración y la unidad de las cosas. Pero, en definitiva, también rechazaba los sentidos como elementos engañadores.
La mentira de los sentidos o esta en lo que los sentidos hacen, sino en lo que nosotros hacemos con lo que ellos nos ofrecen, porque su testimonio lo asamos por el filtro de la razón, ala que se considera como el criterio más elevado para conocer la realidad.
La reivindicación de los sentidos lleva a Nietzsche a decir que los sentidos no mienten nunca. Lo que la razón pretende buscar es una ficción vacía. El único mundo existente es el que nos muestra los sentidos. El mundo "verdadero" de la razón es la mentira que se añade a lo que captamos con los sentidos.

Pongo a un lado. Con gran reverencia, el hombre de Heráclito. Mientras que el resto del pueblo de los filósofos rechazaba el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban pluralidad y modificaciones, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si tuviesen duración y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Estos no mienten ni del modo como creen los eleatas ni del modo como creía él. -no mienten de ninguna manera. Lo que nosotros hacemos de su testimonio, eso es lo que introduce la mentira, por ejemplo la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia, de la duración... la "razón" es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos. Mostrando el devenir, el perecer, el cambio, los sentidos no mienten... pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo "aparente" es el único: el "mundo verdadero" no es más que un añadido mentiroso...

Hace Nietzsche una reivindicación del olfato como uno de lo sentidos menos considerados, pero con mayor poder de captación. En Ecc Homo dice en relación con su nariz: "Yo soy el primero que ha descubierto la verdad, debido a que he sido el primero en sentir -en oler- la mentira como mentira... Mi genio está en la nariz"


EL GAY SABER

Una de las máximas más conocidas de Nietzsche es la de que Dios ha muerto. Con ella hace referencia a la caída del estilo de pensamiento dogmático y platónico que crea un dominio de las ideas por encima del hombre, un ámbito de lo sobrehumano que gobierna toda la vida del hombre a través de la moral, la religión y la metafísica.
Estas son formas de esclavitud que el hombre ha creado al generar unos ideales que termina adorando y ante los que se doblega.

La idea de Dios va perdiendo fuerza directora en la historia ya desde el Renacimiento y la ilustración, pero con Nietzsche va a descender a sus cotas más profundas.

La concepción platónica de la existencia pone más énfasis en la otra vida, en otro mundo, que en ésta. Huye de la vida y, por tanto, impide un desarrollo auténtico del hombre. El hombre no puede hacerse así en libertad, sino que tiene que seguir los designios que le imponen las ideas. Hay un miedo a la vida que hace del hombre un ser débil y dependiente de la bóveda celeste que ha puesto sobre su cabeza.

La vida es un continuo devenir, una creación constante que no es susceptible de ser dominada por ninguna ley ni por ningún orden. Los filósofos, en cambio se han dedicado a encorsetar ese devenir, racionalizándolo con conceptos ideales que matan lo más genuino del hombre, la creación y vivencia de su propia vida. Hay un resentimiento, un recelo hacia la vida que lleva al hombre a dividir el mundo en uno real, superior, y otro aparente, dependiente de aquél. El motivo de esto es la necesidad que tiene el hombre de sobrevivir en el difícil e inseguro mundo en devenir. Con ello se inserta el hombre en una actitud contraria a la naturaleza.

Nietzsche cambia el sentido de este argumento considerando que lo único verdaderamente real es este mundo en el que estamos, mientras que el otro, el hombre ha inventado, es el que es aparente.

Cuando el hombre se da cuenta que no tienen justificación la creación de ese mundo superior y director de su propia existencia, cuando descubre que no hay un ser responsable de la moral o que respalde la autoridad o que garantice el poder, entonces constata que Dios ha muerto, porque ha muerto aquello en lo que se condensa todos los valores que sustentaban la forma antigua de entender la vida.

El descubrimiento de que Dios ha muerto y que es el propio hombre el que tiene que vivir conduce a una reconversión del propio hombre y de sus actitudes ante la vida. Ahora no tiene que buscar valores fuera, sino dentro de sí mismo. El hombre se ve lanzado hacia lo infinito, pero éste ya no está situado encima del hombre, sino dentro de sí mismo.
Este fenómeno ha sido generado por la propia cultura europea, de tradición cristiana y platónica.

Nosotros los sin miedo.

Lo que va junto con nuestro buen humor.
El más grande de los últimos acontecimientos -que Dios ha muerto que la fe en el Dios cristiano se ha hecho increíble - comienza ya a lanzar sus primeras sombras sobre Europa.

El fenómeno de la muerte de Dios es, en principio, solo constatable para aquellos poseedores de suficiente espíritu crítico. Para ello un sol -Dios- se ha comenzado a poner y a dudas ha comenzado a aflorar. La frescura de la vida comienza a cobrar fuerza frente a la vejez de la visión tradicional.

Por lo menos para aquellos pocos cuyos ojos y cuya suspicacia en sus ojos es lo bastante fuerte y fina para este espectáculo, precisamente parece que algún sol se haya puesto, que una antigua y profunda confianza se ha trocado en duda. Nuestro viejo mundo tiene que parecerles a éstos cada día más vespertino, más desconfiado, más extraño y "más viejo"

Las consecuencias de la muerte de Dios no son todavía previsibles incluso para aquellos
Que son conscientes del hecho. Mucho de los que estaba construido sobre la fe en Dios tendrá que derrumbarse en el futuro. Por ejemplo. La moral europea.

La moral europea tradicional se opone a la vida porque va en contra de los instintos vitales y a favor de los valores de un mundo ideal que supone distinto de éste. Esto es un síntoma de su decadencia y conduce al nihilismo, a una situación en la que el hombre queda sin sentido, desorientado y sin un rumbo determinado para su vida. La crítica de Nietzsche apuna hacia la sustitución del orden impuesto al hombre desde fuera por otro extraído de su propio interior y basado en la exaltación de la vida y de su pleno desarrollo.

Pero en lo esencial puede uno decir que el acontecimiento mismo es mucho mayor, mucho más lejano y más aparatado de la capacidad de muchos que cuanto su conocimiento siquiera se permite tener por alcanzar. Y no hablemos de que muchos sepan ya lo que propiamente ha acontecido con esto, y todo cuanto en lo sucesivo tiene que desmoronarse, una vez que esta fe se ha corrompido, porque estaba edificado sobre ella; por ejemplo, toda nuestra moral europea.

Para el que se siente verdadero hombre y no tiene que recurrir a elementos extramundanos que le impidan desarrollar su propia vida, las consecuencias de la muerte de dios No son un mi mucho menos perniciosas, sino todo lo contrario , la nueva situación aparece como una nueva luz, una aurora, los espíritus libres se sienten llenos de esperanzas.

Ecce Homo

- Entre mis escritos ocupa mi Zaratustra un lugar aparte. Con él he hecho a la humanidad el regalo más grande, que hasta ahora ésta ha recibido. Este libro, dotado de una voz que atraviesa milenios, no es sólo el libro más elevado que existe, el auténtico libro del aire de alturas -todo el hecho “hombre” yace a enorme distancia por debajo de él-, es también el libro más profundo, nacido de la riqueza más íntima de la verdad, un pozo inagotable al que ningún cubo desciende sin subir lleno de oro y de bondad. No habla en él un “profeta”, uno de esos espantosos híbridos de enfermedad y de voluntad de poder denominados fundadores de religiones. Es preciso ante todo oír bien el sonido que sale de esa boca, ese sonido alciónico, para no ser lastimosamente injustos, con el sentido de su sabiduría. “Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo-”

Los higos caen de los árboles, son buenos y dulces: y, conforme caen, su roja piel se abre. Un viento del norte soy yo para higos maduros.

Así, cual higo, caen esta enseñanzas hasta vosotros, amigos míos: ¡bebed su jugo y su dulce carne! Nos rodea el otoño, y el cielo puro y la tarde.-

No habla aquí un fanático, aquí no se “predica”, aquí no se exige fe: desde una infinita plenitud de luz y una infinita profundidad de dicha va cayendo gota tras gota, palabra tras palabra, - una delicada lentitud es el tempo propio de esto discursos. Algo así llega tan sólo a los elegidos entre todos; constituye un privilegio sin igual el ser oyente aquí; nadie es dueño de tener oídos para escuchar a Zaratustra... ¿No es Zaratustra con todo esto, un seductor?... ¿Qué es, sin embargo lo que él mismo dice cuando por vez primera retorna a su soledad? Exactamente lo contrario de lo que en tal caso diría cualquier “sabio”, “santo”, “redentor del mundo” y otros décadents... No sólo habla de manera distinta, sino que también es distinto...

¡Ahora yo me voy solo, discípulos míos! ¡También vosotros os vais ahora solos! Así lo quiero yo.
En verdad, éste es mi consejo: ¡Alejaos de mí y guardaos de Zaratustra! Y aún mejor: ¡avergonzaos de él! Tal vez os ha engañado.
El hombre del conocimiento no sólo debe saber amar a sus enemigos, tiene también que saber odiar a sus amigos.
Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo. ¿Y por qué no vais a deshojar vosotros mi corona?
Vosotros me veneráis: pero ¿qué ocurriría si un día vuestra veneración se derrumba? ¡Cuidad de que no os aplaste una estatua!
¿Decís que no creéis en Zaratustra? ¡Más que importa Zaratustra! Vosotros sois mis creyentes, mas ¡qué importan todos los creyentes!
No os habéis buscado aún a vosotros: entonces me encontrasteis. Así hacen todos los creyentes: por eso vale tan poco toda fe.
Ahora os ordeno que perdáis y que os encontréis a vosotros; y sólo cuando todos hayáis renegado de mí, volveré entre vosotros...”

Humano, demasiado humano

El 30 de abril de 1876, Malwida von Meisemburg, invita a Nietzsche a pasar un año en Italia. Nietzsche, aludiendo problemas de salud y necesidades de investigación, solicita una año sabático a la Universidad de Basilea. En septiembre de 1876 emprende viaje, junto a Paul Rée, hacia Génova.

Desde allí, los dos amigos y Albert Brenner, se dirigen hacia Nápoles. Al final, tanto Nietzsche, como Malwida, Brenner y Rée, deciden hospedarse en Sorrento, en la ya famosa Villa Rubinacci.
En Sorrento, Nietzsche, decide tomar el aforismo como medio de expresión literaria. Alli medita y elabora, en su cuaderno de notas, la mayoría de los aforismos que se nos muestran en Humano, demasiado humano.
En esta obra, mitad de ruptura y mitad de iniciación, Nietzsche, decide romper con la metafísica de Schopenhauer y con el romanticismo de Wagner para dar entrada a nuevos espíritus libres, al modo de Voltaire, que le ayuden a descubrir y dar salida al mundo que Nietzsche percibe llevar dentro.

Con la publicación de Humano, demasiado humano, Nietzsche, deja de ser un panegirísta, al modo que se nos muestra en el Nacimiento de la tragedia, para convertirse en un denunciante.
Ello le llevará al repudio de los Wagner que le tachan de traidor. Y es que Nietzsche ha decidido, con Humano, demasiado humano, denunciar el idealismo de las buenas formas y modales, con que sus contemporaneos se acomodaban a la realidad, y clamar con fuerza que tal idealismo le es ajeno y que en dónde los demás ven cosas ideales, él ve sólo lo humano ¡Si, sólo demasiado humano!. Pero con esta obra, Nietzsche, no sólo conmueve los cimientos del convencionalismo social de su tiempo sino que ataca tambien sus valores fundamentales e intenta derribarlos.

Por ejemplo, en los tres primeros capítulos De las cosas primeras y últimas, Para la historia de los sentimientos morales y La vida religiosa, Nietzsche, no solamente examina criticamente, sino que intenta tambien derrumbar las convecciones morales y religiosas de su época. No es de extrañar, por tanto, que, en este caso, decida colocarse, como máscara, la de un león depredador del desierto que vaga cruel y deseoso, ya en esta época, de llevar a cabo una inversión de valores, o, al menos, realizar tal depredación que quede asi el camino libre para los espíritus libres del mañana.

Una pregunta inquietante surge ahora: ¿Ha llegado ya ese mañana? ¿Dónde los espíritus libres?

Lo que entonces se decidió en mí no fue, acaso, una ruptura con Wagner; yo advertía un extravío total de mi instinto, del cual era meramente un signo cada desacierto particular, se llamase Wagner o se llamase cátedra de Basilea. Una impaciencia conmigo mismo hizo presa en mí; yo veía que había llegado el momento de reflexionar sobre mí. De un solo golpe se me hizo claro, de manera terrible, cuánto tiempo había sido ya desperdiciado, - qué aspecto inútil, arbitrario, ofrecía toda mi existencia de filólogo, comparada con mi tarea.
Me avergoncé de esta falsa modestia. Habían pasado diez años en los cuales la alimentación de mi espíritu había quedado propiamente detenida, en los que no había aprendido nada utilizable, en los que había olvidado una absurda cantidad de cosas a cambio de unos cachivaches de polvorienta erudición.

Arrastrarme con acribia y ojos enfermos a través de los métricos antiguos, ¡a esto había llegado! Me vi, con lástima, escuálido, famélico: justo las realidades eran lo que faltaba dentro de mi saber, y las «idealidades», ¡para qué diablos servían! - Una sed verdaderamente ardiente se apoderó de mí: a partir de ese momento no he cultivado de hecho nada más que fisiología, medicina y ciencias naturales, - incluso a auténticos estudios históricos he vuelto tan sólo cuando la tarea me ha forzado imperiosamente a ello.

Entonces adiviné también por vez primera la conexión existente entre una actividad elegida contra los propios instintos, eso que se llama «profesión» (Beruf), y que es la cosa a la que menos estamos llamados – y aquella imperiosa necesidad de lograr una anestesia del sentimiento de vacío y de hambre por medio de un arte narcótico, por medio del arte de Wagner, por ejemplo. Mirando a mi alrededor con mayor cuidado he descubierto que un gran número de jóvenes se encuentra en ese mismo estado de miseria: una primera contranaturaleza fuerza formalmente otra segunda.

En Alemania, en el «Reich», para hablar inequívocamente, demasiados hombres están condenados a decidirse prematuramente y luego, bajo un peso que no es posible arrojar, a perecer por cansancio.

Éstos anhelan Wagner como un opio, se olvidan de sí mismos, se evaden de sí mismos por un instante. ¡Qué digo! - ¡por cinco o seis horas!

Así habló Zaratustra

"TODOS HABLAN DE MI... PERO NADIE PIENSA EN MI"

Esta queja de Nietzsche en Así habló Zaratustra es repetida por Heidegger hasta el final de su vida. El triste destino de los lugares comunes es que todos pasan por ellos, pero raramente los visita alguien.

En el Prólogo, Nietzsche nos cuenta que, a los treinta años, Zaratustra, se retira a la soledad de la montaña, donde le acompañan sus dos animales heráldicos: el águila, símbolo del orgullo, y la serpiente, símbolo de la inteligencia.
Alli aprende su sabiduría, y un día decide bajar a predicársela a los hombres.
En el descenso hacia ellos tropieza con un eremita «que no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto». Al llegar a la ciudad encuentra al pueblo reunido en el mercado y «comete la gran tontería de todos los eremitas»: hablar al pueblo, es decir, hablar a todos y no hablar a nadie.

Sus discursos son, pues, para todos y para nadie. El fracaso es total, y el pueblo se burla de él. Sin embargo, Zaratustra les ha enseñado la doctrina del superhombre, mostrándoles además la imagen del último hombre.

Tras enterrar a un volatinero qué había caído a tierra mientras divertía al pueblo («tú has hecho del peligro tu profesión, en ello no hay nada despreciable. Ahora pereces a causa de tu profesión: por ello voy a enterrarte con mis propias manos»), Zaratustra descubre una nueva verdad: no se debe hablar al pueblo.

Desde ahora «cantaré, dice, mi canción para los eremitas solitarios o en pareja; y a quien todavía tenga oídos para oír cosas inauditas voy a abrumarle el corazón con mi felicidad». Zaratustra se retira otra vez a la montaña, y así acaba «el Prólogo de Zaratustra».
La primera parte comienza con un discurso sobre las tres transformaciones: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león y el león por fin, en niño. El tema central de esta primera parte es la muerte de Dios.

Ese peso debe dejar de abrumar al hombre, afin de que éste pueda conquistar, no «el
otro mundo», sino este mundo suyo. Siguen luego ataques contra las virtudes que actuan como adormideras (el sueño del justo), contra los trasmundanos (esos ingratos que se imaginaron estar sustraidos a su cuerpo y a esta tierra), contra los que desprecian el cuerpo y predican la muerte, etc.

Entre estos discursos de tipo doctrinal, algunos- como el titulado Del árbol de la montaña- describen las peregrinaciones y diálogos de Zarathustra con aquellos pocos a quienes quiere convertir en sus discípulos. Los capítulos dedicados a la amistad, al matrimonio, a las mujeres (¿vás con mujeres? ¡No olvides el látigo!) ofrecen una serie de vivencias personales de Nietzsche, algunas reconocibles en su biografía pero superadas y elevadas a un plano general.

Al final Zarathustra predica la muerte libre para los superfluos, y acaba contraponiendo a las falsas virtudes combatidas la imagen de la virtud futura: la virtud que hace regalos.
En las últimas lineas Zarathustra se despide de sus discípulos y vuelve a la soledad. "Ahora os ordeno que me perdais a mí y que os encontréis a vosotros. Y sólo cuando todos hayáis renegado de mí, volveré a vosotros."

El nacimiento de la tragedia



El nacimiento de la tragedia. Puedes consultar, si los deseas, cual fue la gestación de la misma por parte de Nietzsche.
En esta obra, además de la omnipresencia de dos personajes importantes como son Wagner y Schopenhauer, los cuáles, según dirá más tarde Nietzsche, le «echaron a perder» su obra, asi como de otros aspectos centrados sobre la tragedia, sobre Homero y Arquiloco, sobre Eurípides y Sócrates, sobre Apolo y Dioniso, sobre el sueño y la embriaguez, sobre el coro trágico y la evolución de la tragedia, sobre la epopeya y la lírica, sobre la mística y el texto de los grandes trágicos griegos, todo lo cual, por lo demás, permanece como una conquista imposible de perder; es especialmente importante, lo que Nietzsche dice sobre la vida.

En este sentido, como se ha afirmado con acierto, es ésta la primera formulación de la filosofía de Nietzsche. Incluso puede aseverarse que Nietzsche no fue nunca más allá de lo que en estas páginas dice.
De aqui la importancia de las mismas. Podrá, si, expresar lo mismo con otra óptica, desde perspectivas distintas. Pero se trata unicamente de reformulaciones de lo mismo.
Lo que Nietzsche expone en este escrito es su intuición y su experiencia de la vida y la muerte. Todo es uno, nos dice.
La vida es como una fuente eterna que constantemente produce individuaciones y, produciéndolas, se desgarra a si misma.
Por ello es la vida dolor y sufrimiento: el dolor y el sufrimiento de quedar despedazado lo Uno primordial. Pero a la vez la vida tiende a reintegrarse, a salir de su dolor y reconcentrarse en su unidad primera. Y esa reunificación se produce con la muerte, con la aniquilación de las individualidades.

Por eso es la muerte el placer supremo, en cuanto significa el reencuentro con el origen. Morir no es, sin embargo, desaparecer, sino sólo sumergirse en el origen, que incansablemente produce nueva vida.

La vida es, pues, el comienzo de la muerte, pero la muerte es la condición nueva de vida. La ley eterna de las cosas se cumple en el devenir constante. No hay culpa, ni en consecuencia redención, sino la inocencia del devenir.

Darse cuenta de esto es pensar tragicamente. El pensamiento trágico es la intuición de la unidad de todas las cosas y su afirmación consiguiente: afirmación de la vida y de la muerte, de la unidad y de la separación.
Más no una afirmación heroica o patética, no una afirmación titánica o divina, sino la afirmación del niño de Heráclito, que juega junto al mar.

Y todo esto lo expone Nietzsche no de una manera simplemente conceptual, sino con un lenguaje fascinante e intuitivo, que habla a los «iniciados». En este sentido es todo el libro una confesión susurrada al oído, no, en modo alguno, un libro para el «público». Y, sobre todo, no es un libro para el «público crítito», el cual se esfuerza en olvidar el pensamiento trágico mediante el optimismo de la superficialidad.

El Anticristo

Tan sólo el pasado mañana me pertenece. Algunos nacen de manera póstuma. Magnífica afirmación que abre el prólogo de El Anticristo

Este libro pertenece a los menos.Tal vez no viva todavía ninguno de ellos. Serán, sin duda, los que comprendan mi Zaratustra: ¿cómo me sería lícito confundirme a mí mismo con aquellos a quíénes ya hoy se les hace caso? - Tan sólo el pasado mañana me pertenece. Algunos nacen de manera póstuma.
Las condiciones en las que se me comprende, y luego se me comprende por necesidad, - yo las conozco muy exactamente. Hay que ser honesto hasta la dureza en cosas del espíritu incluso para soportar simplemente mi seriedad, mi pasión. Hay que estar entrenado en vivir sobre las montañas - en ver por debajo de sí la miserable charlatanería actual acerca de la política y del egoísmo de los pueblos. Hay que haberse vuelto indiferente, hay que no preguntar jamás si la verdad es útil, si se convierte en una fatalidad para alguien... Una predilección de la fuerza por problemas para los que hoy nadie tiene valor; el valor de lo prohibido; la predestinación al laberinto.Una experiencia hecha de siete soledades -. Oídos nuevas para una música nueva. Ojos nuevos para lo más lejano.
Una conciencia nueva para verdades que hasta ahora han permanecido mudas. Y la voluntad de economía de gran estilo: guardar junta la fuerza propia, el entusiasmo propio... El respeto a sí mismo; el amor a sí mismo; la libertad incondicional frente a sí mismo.
¡Pues bien! Sólo ésos son mis lectores, mis verdaderos lectores, mis lectores predestinados: ¿qué importa el resto? - El resto es simplemente la humanidad. - Hay que ser superior a la humanidad por fuerza, por altura de alma, - por desprecio...
FRIEDRICH NIETZSCHE
(Prólogo al Anticristo)

(Carta de Overbeck a Peter Gast)
Transvaloración de todos los valores
La segunda línea está tachada y sustituida por las palabras, 'Maldición sobre el cristianismo', las cuales, por desgracia, dejan oír otra vez el cínico acento con que en sus últimas cosas Nietzsche, en un cierto crescendo, se ha hecho a sí mismo, creo yo, no menor violencia que a los demás; en esas palabras paréceme reconocer los mismos trazos que se muestran en los breves manifiestos que, según parece, envió en el primer día de su locura a muy diversos sitios, también a nosotros, a usted, y a mí... Por el momento no estoy en condiciones de estudiar con detalle los papeles, tampoco de proceder a una lectura de El Anticristo, cuya muy detallada crítica, también del Antiguo y Nuevo Testamento, yo leeré con tenso interés, en lo que respecta al último punto

- Mirémonos a la cara. Nosotros somos hiperbóreos, -sabemos muy bien cuán aparte vivimos. “Ni por tierra ni por agua encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos”; ya Píndaro supo esto de nosotros. Más allá del norte, del hielo, de la muerte - nuestra vida, nuestra felicidad...

Nosotros hemos descubierto la felicidad, nosotros sabemos el camino, nosotros encontramos la salida de milenios enteros de laberinto. ¿Qué otro la ha encontrado? - Acaso el hombre moderno? “Yo no sé qué hacer; yo soy todo eso que no sabe qué hacer” - suspira el hombre moderno. De esa modernidad hemos estado enfermos, - de paz ambigua, de compromiso cobarde, de toda la virtuosa suciedad propia del sí y el no modernos.

Esa tolerancia y largeur de corazón que “perdona” todo porque “comprende” todo es scirocco para nosotros. ¡Preferible vivir en medio del hielo que entre virtudes modernas y otros vientos del sur!... Nosotros fuimos suficientemente valientes, no tuvimos indulgencia ni con nosotros ni con los demás; pero durante largo tiempo no supimos a dónde ir con nuestra valentía.

Nos volvimos sombríos, se nos llamó fatalistas. Nuestro fatum - era la plenitud, la tensión, la retención de las fuerzas. Estábamos sedientos de rayo y de acciones, permanecíamos lo más lejos posible de la felicidad de los débiles, de la “resignación”... Había en nuestro aire una tempestad, la naturaleza que nosotros somos se entenebrecía - pues no teníamos ningún camino. Fórmula de nuestra felicidad; un sí, un no, un línea recta, una meta...



No lo sabemos. En todo caso, lo que está bien claro es que tanto El Anticristo,como Nietzsche contra Wagner o Ecce homo, publicaciones póstumas las tres, forman parte de un nuevo registro en el conjunto de su obra, constituyen una nueva dimensión expresiva, deben leerse aparte. Y decir que la razón de ello es su carácter de obras que son ya de locura, no explica nada. Más bien señala tan sólo aquello que está por explicar.
“Mirémonos cara a cara” –con estas palabras comienza El Anticristo, el texto con el que se inaugura su última deriva–. Mirémonos cara a cara, dice, y parece estar emplazando a los hombres de su tiempo.

Pero, Nietzsche va a abrir su pantomima de cumplimiento de lo inactual, su desafío a la humanidad entera, su pulso absoluto y patético con el presente, en el momento mismo en que se entrega, póstumo, a sus lectores.
En Turín, Nietzsche se encomienda al espíritu de la literatura. Ya no escribe para su presente, ahora trata de prender la mecha lenta de su posteridad mediante un acto ciego de confianza absoluta en su destino.

 


 

 

Biografía

Federico Guillermo Nietzsche nació en Röcken (Sajonia), hijo de un pastor de la iglesia luteriana. Su vida transcurrió entre el 15 de octubre de 1844 y de 25 de agosto de 1900, fecha en la que murió en Weinar, víctima de una apoplejía. A lo largo de buena parte de su existencia sufrió de fuertes dolores de cabeza, problemas en los ojos y otras enfermedades que culminaron a finales del año 1888 en un estado de demencia esquizofrénica, de la que no se recuperaría hasta su desaparición.
(Mi padre murió a los treinta y seis años; eradelicado, amable y enfermizo, como un ser destinado tan sólo a pasar de largo -más bien una bondadosa evocación de la vida que la vida misma- en el mismo años en que se hundió su vida, se hundiría tambíen la mía; en el año treinta y seis de mi existencia llegué al punto más bajo de mi vitalidad -aún vivía, pero no veía a tres pasos delante de mí-. Entonces -era el año 1879 -renucíe a mi cátedra de Basilea, sobreviví durante el verano como una sombra en St Moritz, y el invierno siguiente, el invierno más poble, en Naumburg. aquello fue mi minimun: El caminante y su sombra nació entonces. Indudablemente, yo entendía entonces de sombras (Ecce Homo: por qué soy tan sabio)

Nietzsche heredó la enfermedad de su padre él diagnóstico en la autopsia de éste fue "reblandecimiento celebral", con síntomas como su frecuentes jaquecas -tambien sufidas por su hermana Elisabeth- y sus insistentes vómitos: situación nerviosa conectada sin duda con su gran miopia - tres cuartos, y aun siete octavos de ceguera, llega a decir él- todo ello en preparación de su hundimiento en la locura a los cuarenta y cinco años.

Ciertos investigadores - y la tablilla de diagnóstico en su primera hospitalización tras la locura ha atribuido este proceso a una infección sifilítica, aludiendo a una visita a un burdel de Leipzig, de estudiantes, donde allí sin darse cuenta, se sintio tan asustado al verse entre aquellas "ninfas" - como se decía hace una generación o dos- que se refugió en el piano, marchándose al cabo de un rato de improvisar. al final, su amigo de juventud Deussen resumiría en pudoroso latín : mulierem nunquam attigit " nunca alcanzó mujer" con un par de propuestas matrmoniales resignadamente fracasadas, y con un delicado trato con las mujeres comparable con su desprecio intelectual y moral hacia el sexo femenino en general "¿Vas con mujeres? No olvides el látigo!" esta frase de Zaratustra es quizás la más famosa de Niezsche; pero cualquier feminista con un mínimo de la malicia del propio Nietzsche podría recordarle la fábula de la zorra y las uvas: nunca fue amado como hombre, y su gran amor platónico fue siempre la mujer de Wagner "Mi mujer Cosima Wagner" diría ya en los primeros días de su locura" Las diatribas de Nietzsche contra las mujeres podrían ocupar un centener de páginas si las reuniéramos.



Esto hará que le periodo intelectualmente fecundo de Nietzsche haya que situarlo entre los años que van desde 1871 a 1888. La parte central de estos años, concretamente entre 1869 y 1879, vivirá en Basilea como profesor de filología clásica en la Universidad. Cargo que ocupó sin haberse graduado como Doctor.

Es esta una época en la que confluyen corrientes muy variada en todos los campos de la sociedad. En lo político, va concluyendo, por una parte, el periodo de las revoluciones burguesas y se van creando los grandes Estado nacionales centroeuropeos. Por otra parte, el movimiento obrero tiene algunos momentos de importancias, como la fundación de la Primera Internacional en 1864 y el surgimiento de la Comuna de París, de Guillermo I y la aún más agresiva de Guillermo II, con quien el apetito de poder y el derecho de la fuerza sé origen en lema político.

Tiene lugar desde ahora y hasta la I Guerra Mundial un enorme aumento de la población alemana, a la vez que se va consolidando la segunda revolución industrial, caracterizada por el uso y aplicación de la electricidad a los procesos de fabricación industrial y por la complejidad de la maquinas puesta en práctica. La mejora de las comunicaciones y la concentración de los focos de producción en lugares de mayor riqueza y población completan el marco laboral en el que Alemania terminará por constituirse la primera potencia de Europa.

Los científicos alemanes de este periodo aportan descubrimientos de primera magnitud. Pueden cintarse los casos de Clausius estableciendo el principio de conservación de la energía; Hertz, que experimento con las ondas eléctricas; Róntgen, descubridor de los rayos X; Rieman y Weierstrass, que dieron gran impulso a las ciencias exactas...

En el campo cultural, aunque se constata una intención general de crear un arte propiamente germánico, coexiste un buen número de tendencias, especialmente en el campo de la pintura. Así, cabe citar el realismo. Influido por Courbrt, el naturalismo, en el impresionismo y la expresión. La arquitectura alemana es ecléctica, con elementos neogóticos, junto al neobarroco bávaro y al impulso de la llamada vanguardia de Munich. En música debe citarse a Johannes Brahms, representante de la música pura y a la gran figura cultural de la época, Richard Wagner, músico, pensador y creador de grandes óperas, como El anillo del Nibelungo, Parsifal y Tristán e Isolda. Influyó no sólo en grandes músicos europeos. Como Debyssy y Verdi, sino también en poetas, como Baudelaire, y en pintores, como Odilon Redon. Gran parte de esta cultura será considerada por Nietzsche como decadente y reaccionará con fuerza contra ella.

Desde el punto de vista filosófico cabe destacar algunas influencias detectables en el pensamiento de Nietzsche. En primer lugar, la de Kant. Pero Kant critica con rigor las pretensiones racionales de la metafísica, no la de la que luego acepta un nuevo planteamiento de la mora y de la religión, aunque sea sobre bases más autónomas e interiorizadas. En segundo lugar tenemos a Schopenhauer, para el que el mundo es voluntad de existir, deseo ciego de perdurar. Destaca este autor que tras la razón hay algo más fuerte que ella, que e lo que nos mueve a razonar. Ese algo, es, sin embargo, de naturaleza irracional. Es atribuible también a Schopenhauer el papel predominante concedido al arte y la radical desconfianza de la idea de progreso mantenida por la ilustración. En tercer lugar hay que señalar la influencia que sobre Nietzsche ejerció Richard Wagner a través ce su poesía y de su música. En un principio Wagner fue el modelo de creador de un arte al servicio de una nueva humanidad en la que se restaurara el Pathos trágico de la antigüedad. Pero más tarde Nietzsche ve en Wagner una nueva forma de la vieja cultura, sintiéndose intelectualmente traicionado y rompiendo sus relaciones con él. En 1888 escribe Nietzsche El caso Wagner, en donde dice que su música ha dejado de ser flauta de Dionisos para convertirse en un fenómeno más de la decadencia universal.

Como ya se ha dicho, toda la producción de Nietzsche hay que situarla entre los años 1871 y 1888. su primer libro es El nacimiento de la tragedia. Obra muy mal acogida por la crítica y en la que estudia el mundo griego. En ella se van caracterizando lo dionisiaco y lo apolíneo como ingredientes antitéticos de los que surgiría la tragedia desde el ámbito de la música. Lo apolíneo será lo claro, lo medido, la forma de las figuras bellas. Lo informe, el ardor sexual y lo oscuro. Mientras lo apolíneo es lo aparente, lo dionisiaco sería lo real. Se apunta aquí la primacía de lo estético frente a los filosófico y racional como criterio justificativo del mundo.

En 1876 se inicia una segunda etapa en Nietzsche en la que es de destacar su admiración por Voltaire. A ella pertenecen Humano, demasiado humano, publicado en 1878, y El caminante y su sombra, 1880. en 1881 escribe Aurora y al año siguiente La gaya ciencia obra en las que Nietzsche hace una crítica desde su perspectiva de la moral y de la religión. Son libros en los que predomina el estilo aforístico. La mala visión que en esta época tenía el autor le hacía ir acumulando notas que iba dictando a Heinrich Kóselitz, amigo al que llamaba Peter Gast "Pedro Huésped". Estas notas eran publicadas sin la apariencia de un discurso hilado, sino en fragmentos de variada extensión.

Así hablo Zaratustra, quizás el libro más importante de Nietzsche, ve la luz en 1883 y 1885. se habla en él del acabamiento de nuestra cultura -Dios ha muerto- y se profetiza una posterior con el advenimiento del Superhombre y la idea del Eterno Retorno.

Del resto de la producción nietzscheana cabe destacar Más allá del bien y del mal, de 1886. La genealogía de la moral, de 1887. Crepúsculo de los ídolos, de 1889, El Anticristo, de 1888, y Ecce Homo, una autobiografía esclarecedora de muchos aspectos de su pensamiento, que se publicó en 1908.

La poesía y la filología de Nietzsche forman una unidad en su vida y en su obra: ambas encarnan el conflicto trágico en que, desde muy pronto, se debatió y al que la filosofía sirvió menos de causa que de cauce.

La poesía de Nietzsche fue, sobre todo, poesía conceptual (Begriffsdichtung); su filología derivó en filosofía (philosophia facta est quae philologia fuit); y su filosofía se transformó en una hermenéutica crítica de base lingüística y de carácter antropológico.

Desde entonces la lógica dejó de ser el supuesto sostén de la gramática, y la verdad quedó reducida a uno de los posibles sentidos de la interpretación: es decir, a una verdad no objetiva sino sólo poética, ya que, según Nietzsche, de la relación estética que hay entre las cosas el arte es la única y la máxima manifestación.

Nietzsche fue un adelantado y como tal tuvo que pagar un alto precio por ser fiel en vida con su obra. Viéndolo así, la conclusión de su existencia no podía ser otra: la locura.

Para los héroes todo se vuelve tragedia.
Nietzsche