Volver Página Principal

MEDITACIÓN EN EL UMBRAL

Hora tras hora , día tras días.
Era apacible el día
Cantares gallegos (poesía, gallego).
A mi madre (poesía, castellano).
El caballero de las botas azules
Follas Novas (poesía, gallego).
En las orillas del Sar
Los unos altísimos

 

MEDITACIÓN EN EL UMBRAL

No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.
Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.

 

 

 

Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
         Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
         Pasa la vida.

   Devolvedle a la flor su perfume
         Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

   Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
         En dónde, alma mía?






Era apacible el día

Y templado el ambiente,
   Y llovía, llovía
  Callada y mansamente;
  Y mientras silenciosa
  Lloraba y  yo gemía,
  Mi niño, tierna rosa
  Durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!

Tierra sobre el cadáver insepulto
Antes que empiece a corromp-erse... ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecerá la yerba.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!...
Jamás el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar a amaros ni a ofenderos
    ¡Jamás! ¿Es verdad que todo
    Para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
Te espera aún con amoroso afán,
Y vendrá o iré yo, bien de mi vida,
Allí donde nos hemos de encontrar.

   Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
   Que no morirá jamás,
Y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
   A desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
   Yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.

    Mas... es verdad, ha partido
   Para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
De un día en este mundo terrenal,
En donde nace, vive y al fin muere
Cual todo nace, vive y muere acá.

 

CANTARES GALLEGOS.

I

Has de cantar,
meniña gaitera;
has de cantar,
que me morro de pena.

Canta, meniña,
na beira da fonte;
canta,daréiche
boliños do pote.

Canta, meniña,
con brando compás,
daréiche unha proia
da pedra do lar.

Papiñas con leite
tamén che daréi;
sopiñas con viño,
torrexas con mel.

Patacas asadas
con sal e vinagre,
que saben a noces.

¡Que ricas que saben!

¡Que feira, rapaza,

si cantas faremos...!

Festiña por fora,
festiña por dentro.

Canta, si queres,
rapaza do demo;

canta, si queres;

daréiche un mantelo.

Canta, si queres,

na lengua que eu falo.

Daréiche un mantelo.

Daréiche un refaixo.
Co son da gaitiña,
co son da pandeira,
che pido que cantes,
rapaza morena.

Co son da gaitiña,
co son do tambor,
che pido que cantes,
meniña, por Dios.

II

Así mo pediron
na beira do mar,
ó pe das ondiñas
que veñen e van.

Así mo pediron
na beira do rio
que corre antre as herbas
do campo frorido.

Cantaban os grilos,
os galos cantaban,
o vento antre as foias
runxindo pasaba.

Campaban os prados,
Manaban as fontes
antre herbas e viñas,
figueiras e robres.

Tocaban as gaitas.

Ó son das pandeiras
bailaban os mozos
cas mozas modestas.

¡Qué cofias tan brancas!

¡Qué panos con freco!

¡Qué dengues de grana!

¡Qué sintas! ¡Que adresos!

¡Qué ricos mandiles!

¡Qué verdes refaixos!

¡Qué feitos xustillos

de cor colorado!

Tan vivos color

 

 

Poema de A las Orillas del Sar

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman:
                            -Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

   -Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

      Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?



LOS UNOS ALTÍSIMOS

Los unos altísimos,
los otros menores,
con su eterno verdor y frescura,
que inspira a las almas
agrestes canciones,
mientras gime al chocar con las aguas
la brisa marina de aromas salobres,
van en ondas subiendo hacia el cielo
los pinos del monte.

De la altura la bruma desciende
y envuelve las copas
perfumadas, sonoras y altivas
de aquellos gigantes
que el Castro coronan;
brilla en tanto a sus pies el arroyo
que alumbra risueña
la luz de la aurora,
y los cuervos sacuden sus alas,
lanzando graznidos
y huyendo la sombra.

El viajero, rendido y cansado,
que ve del camino la línea escabrosa
que aún le resta que andar, anhelara,
deteniéndose al pie de la loma,
de repente quedar convertido
en pájaro o fuente,
en árbol o en roca.