Mauricio Vallejo Márquez

 

"El corazón alegre constituye buen remedio;mas el espíritu triste seca los huesos". Proverbios 17:22 http://vallejomarquez.blogspot.com/
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Antología poética

 

 

I
Dios
concédeme un poema
que cante a voz de trino
los pájaros del campo,
todos los mares
y los ríos del mundo.
Señor
concédeme un poema
como delicada brisa
de tarde,
como tenue sol de estío.
Dios
deja fluir de mi pluma
todos los rincones de antaño,
haz que fluya de mis labios.
Señor concédeme el poema.
Despedida Nocturna
Odio que te marches,
como también la negritud de las calles.
La soledad, en ningún momento, puede sentirse tan profunda
como el adiós eterno
que intento dejar en tu corazón cada despedida.
Se va tu olor,
rosa, brisa y el mar de la madrugada.
Creciendo en desventaja tomo mis únicas pertenencias
y retorno.
Un día, amada, un día
se agitará el viento entre los árboles,
y tú, como yo, no pondremos reparos
para sentirnos cómplices de un delito del mundo.
Amada, entre mis pasos, he pensado ciegamente en tu rostro
de sol por el día, de luna por la noche.
Mis manos se abaten al sentir los golpes
que del cielo van cayendo,
sin saber que Dios en su omnipotencia
va guardándome en sus manos.
Odio que te marches
como verme solo en las calles
y no saber que junto a mí
va un corazón latiendo al mismo ritmo que el mío.
Un corazón que promulga la paz de los toques de tus dedos
y que siempre me arropa como una madre.
Entonces, cuando la noche es negra
sé que a la mañana, amada,
te veré en tu reposada tranquilidad.
 
·  Amada
La ausencia de tu voz
gasta mi pose erguida
me cala hondo
como un dolor desmedido
hiere mis ojos y no te figuro más.
Aquellas risas que dejaste
han quedado en el jabón
deambulando y olvidadas
acaricio tu imagen de sombra
entre las paredes
tan propias y vacías
¡Vuelve amada e inunda todo de ti!
-¡Qué buena falta le hace!-

Desierto
El hombre no se detuvo, continuó caminando. No servía de nada detenerse. A veces giraba su cuello para observar lo que dejaba atrás. Sólo veía arena reflejando el ocaso en la inmensidad absoluta. El hombre, como si se tratara de una marcha, golpeaba el suelo con la destreza de un carabinero. Siempre a la búsqueda de la vegetación. Una sonrisa rompía la seriedad de su rostro cuando encontraba un árbol o una flor. Los tomaba entre sus manos, pero al darle la espalda todo se transformaba lentamente en dunas, en nada. El pasto que reverdecía y se movía con el viento, se secaba con una rapidez jamás vista, ningún ojo humano podía explicar este suceso. A un segundo paso, el pasto se hacía polvo. Al tercero, la tierra se agrietaba. Y al cuarto, las arenas lo inundaban todo.
Todos los hombres de la tierra advirtieron el problema, se reunieron a discutir. Y al no encontrar una solución más razonable que asesinarlo planearon esperarlo en un bosque. Esperaron a que tocara la hierba.
Como un niño, el hombre dibujó en sus ojos la armonía de la hoja, observó cada una de sus células y les puso nombre, las nombró clorofila, hoja, planta, árbol, selva, bosque, mundo.
El hombre calló al suelo, y rebotó dos veces sobre él. Sus ojos se desorbitaron, sus manos se tornaron tensas. Su boca dejó escapar un quejido. En el suelo sintiéndose solo y abatido, lloró. Uno de los hombres se acercó a él y compadecido le preguntó:
-¿Cómo te llamas? El hombre intentó por un largo segundo levantar su rostro y como si quisiera volver a llorar contestó:
-¡Hombre, me llamo Hombre!

4:00 a.m.
No importa cuanto pasen las horas,
Pasas tú con mi descendencia
Paso yo con tu futuro
Pasa mi madre con mi pasado
¿Que más nos da el paso de las horas?
La culpa del ayer
Ayer tiene la culpa que se muevan rígidas las nubes,
o que el mar explote
agitando las barcas de los pescadores
Ayer tiene la culpa
que las venas se atoren en el alma,
sin saber que es más pecado que el ayer.
Los ojitos a la altura son cocidos remolinos
que no saben nuestra vida,
mas si la sospechan sabrán que el ayer es el culpable,
culpable de la lluvia,
de la pluma, de este ardor en el pecho,
aquel sol, aquella luna,
Ayer es el culpable que se desmoronen hoy mis huesos
y que la sangre se coagule en el hombro de la tarde
sin ser en verdad el culpable
de esta herida miserable que sangra.

Chilano
Llega la noche cantando.
Yo, señores
soy el indio.
He nacido pa volar
soy despierto
entre las nubes
y en un viento voy montado
rumbo a no sé
por qué y jamás.
En las noches soy callado,
pero al día despertar
soy ruido entre los ruidos
y aullidos al cantar.
Luna y sol se besan
a mi sombra,
un relámpago al rincón
donde se quema el cuero
pa calzar al niño día que se va.
Tengo olor a nube
y aun perro de melón.
Soy despierto
entre las nubes
y sé amarrar mi voz.
¡Mando a volar
todas las cosas!
–Hoy no estoy de humor–
Soy sincero,
soy el indio,
sé sentarme entre la luna
y patear tranquilo el sol.
¡Soy Chilano y no me agüevo!
y he fumado esos mil puros
y otras hierbas,
decirlo está de más.
Soy patas reventadas
y lo soy por trabajar
¡No me callo,
chis,
debo hablar!
–Soy Chilano
hijos del maiz–
No soy garbo,
prepotente
y respeto a mi mujer.
En un viento voy montado.
Soy Chilano
pinta casas
curte cueros
y buen chero.
–También me sé
que estoy morido–
Se me apaga la tristeza
y me parte
en algo duro.
Ahí nomasito sé quedar,
allí,
cuando me acuerdo
y utual me acuerdo:
Aquel señito
¡Toma indio, toma!
Les digo
por Dios Santo,
nunca he tenido
tantas ganas de llorar,
pero al ver
que ya no está
un Ramirito,
muerto, muerto
que se ha muerto
ahí nomas.

 
 

Mauricio Vallejomárquez.
Domingo 12 de diciembre de 1979.
Poeta y escritor, fundador del Grupo Literario La Fragua y director de la revista Huella.

Ha laborado como cronista y periodista de Diario Co Latino, Diario de Oriente y El Diario de Hoy.

Su trabajo ha sido publicado en:
Artefacto, Ars, La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy, Diario Co Latino,  Revista Huella, Mecenas, El Universitario, Coloquios Poéticos, entre otros,  además de revistas y periódicos de países como España, México, Francia, Israel y Estados Unidos.

Ha publicado los plaquettes de poesía:
Tiempo en La Marea (1999), Cantar bajo el Vidrio (2000), La Casa (2001). Cuentos de Ocio (2006) y el poemario El Último Salmo (2007) ganador de mención de honor de los juegos Florales de Santa Ana del 2001.

Su trabajo aparece en la antología Alba de Otro Milenio de Ricardo Lindo. Hijo del desaparecido escritor Mauricio Vallejo.

 

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Dios te bendiga y te prospere siempre

Mauricio Vallejo Márquez

“Bienaventurados son los tzadikim que tornan la justicia en misericordia”.

mauvallejom@hotmail.com