El Seis

JUNIO 2008

PIRA FUNERARIA

Cuando él estaba muriendo dijo: Deseo ver a Marta. La dama llegó con ese cuerpo de diosa Hindú, moviéndose, contoneándose,  dejando en cada paso, algo así como: un suspiro de amor. Ella era dueña de un cuerpo diseñado por algún “artista cósmico”, donde dejó plasmado todo su talento: era una obra de arte. Lo que siempre llamaba la atención del divino cuerpo, era sus piernas largas, perfectamente formadas, y ese olor de mujer apasionada, que brotaba al cruzar sus extremidades inferiores. Tenía unos labios tatuados en su rostro, de color rojo carmesí, que cuando hablaba cualquier frase, parecía que salían nubes ebrias de su preciosa boca. La bonita (así le decían algunos) sólo tenía un amor, no le interesaba nadie en este planeta, que no fuera su siempre amado, su “hombre loco”... Semejante hembra (hecha de flores grises y exóticas) deambulaba, por el cuerpo del globo terráqueo, era hasta natural, que levantara las más vivas pasiones de los hombres, que al verla, quedaban sometidos, hechizados, ante tanta belleza. De singular y exclusiva forma de relacionarse con sus “iguales”, era la dificultad misma (gritaba el coro mundano) ya que en realidad no le interesaba para nada, tener amigos, y mucho menos intimar demasiado. Y cualquier diosa muerta, (desde su tumba inexistente) se sentía inferior, ante  la prodigiosa beldad.

En una ocasión le dijo a un joven de algunas dos décadas, el cual, trataba de conquistar la epidermis, los huesos, las arterias, las venas, los músculos, y hasta eso que llaman corazón… de la encantadora fémina: Yo soy un ser melancólico. Sabedora de su papel aquí en la tierra, ella (la criatura angelical) sólo se dedicaba al cuidado de sí misma, hasta llegar a la obsesión, por eso mismo, siempre era la hermosura en plenitud. Su trabajo consistía en lo más preciado que puede haber en la vida, la virtud de la belleza.

Era una noche, donde los relámpagos se apoderan del cielo, cuando tres mujeres profesionistas, “liberales”, explicaban, con lujo de detalle, los “beneficios” de ser independientes, productivas, y triunfadoras, y coparticipes del desarrollo nacional, de la importancia sustancial de ejercer su derecho al voto, por lo cual, la dueña de las perfectas piernas exclamó: ¡Oh!, cómo me dan pena, tristeza, y hasta conmiseración, ese tipo de seres inhumanos. Después de pensarlo un poco, las hembras ejecutivas, se fueron llorando… y parecía que detrás de sus pisadas, iban dejando sólo basura, sangre, y un reguero de áureo excremento. Odiaba la política, la consideraba muy pedestre, ramplona, y hasta una perversión; por eso, jamás en sus charlas había alguna insinuación de semejantes menesteres. Cuando alguien, daba muestras de admiración y pleitesía, por equis “servidor público”, de alta jerarquía, la dueña de esos labios de granada madura, exclamaban: Sólo los estultos se someten a otros de las mismas características, y sin esa simbiosis no sería posible tanta vulgaridad.

Algunas veces se piensa, que el día será agradable, y lleno de sorpresas, y ese momento lo parecía, algo había en el ambiente, que auguraba ser perfecto; y hasta los lobos aullaban, su hambre, su instinto asesino. Pero todo cambió, sufrió de repente, una radical transformación, un hombre ordinario, intercambiaba algunos comentarios, con otro ser mediano, y todo se volvió una tediosa tertulia, donde los seres estaban llenos de tristeza y amargura, y cargaban con la cruz de la frustración; cansada de escuchar tantas incapacidad intelectual, la divina hembra; lanzó unas palabras al viento helado: Es mejor callarse, y escuchar las “palabras” de las bestias…, que seguro están disputándose algún apasionado apareamiento, o alguna pelea sanguinaria. Pero uno de los parlanchines no estaba dispuesto a rendirse fácilmente, y siguió con sus comentarios: Una damisela “realizada” se encuentra en una oficina, recibiendo llamadas de problemas, y después se dedica en “cuerpo y alma” a dar solución a los mismos, convenciendo, implorando, suplicando, entrevistándose, haciendo algunos escritos, llevando a cabo algunos trámites, y hasta amenazando… para ganar el conflicto. A este tipo de acciones la muchedumbre, las considera de alto valor, y hasta las eleva al rango de una virtud. Exclamó Pedro, un joven rubio, de ojos negros, y de mirada religiosa. La chica del olor a sexualidad, sólo se sonrío un poco, con benevolencia, y hasta con un sentimiento cercano a la piedad. Sabía perfectamente que el tipo, sólo estaba “argumentando” algunas cuestiones generales, con el único fin, de quedar bien, con ella. Levantó el vaso lleno de vodka, jugo de toronja, hielo, y bebió, con excelente placer… Posteriormente se levantó y se encaminó, atravesando el cuerpo del espacio, en su caminar sensual iba dejando a su paso alfombra de rosas azules… No recuerdo (con claridad) quien dijo: Esta mujer áurea, cuando se queda callada, extraviada, parece que las nubes se posan en su testa, llenando su rostro de una gran o posible tormenta. Sus ojos brillan, como cavernas de murciélagos ebrios; y cuando sonríe, brillan, bailan, todas las estrellas del firmamento; y en el hueco del corazón, sale dichoso un capricho de Paganini.

 


                                          
FUE EN MAYO:

Fue una noche extraña, de esas que suelen presentarse en la vida de un ser humano, solamente una vez… La luna cocainómana, había perdido su posición cósmica, ante la tierra, y llena de locura, se salía continuamente de su orbita. El cielo incróspido, se caía a pedazos, haciendo un terrible ruido… que los ciudadanos creyeron que se trataba del fin del mundo. Las nubes, presas del hachís, perdieron el deseo eterno, de cambiar de forma, y en pleno estado de ocio, se dedicaron a observar la musculatura del rey de los astros. El sol lleno de júbilo, se había inyectado heroína, y bajo los efectos virtuosos del elixir, se encontraba bailando alguna melodía del medio oriente.
La ciudad estaba que ardía, al rojo vivo, todos los sentimientos, de una población de millones de muertos en vida, llenaban el espacio de la biosfera, haciendo difícil, poder caminar entre los intestinos sucios de la urbe. Los incontables rostros de los robots citadinos, se encontraban melancólicos, distraídos, angustiados, tristes, y ladraban sus descontentos, mirando un lugar específico y lejano de la bóveda celeste. En este momento especial, no se encontraba la diferencia, de ningún animal urbano, todos caminaban al mismo ritmo, y de sus ojos rotos, salían lágrimas de petróleo. Todo era el caos, pero con cierta belleza…
Llegó un vestido rojo de seda oriental, unos zapatos de tacón alto, unas medias de poliéster, una fina mascada morada; cubriendo el perfecto y divino cuerpo de Marta. Ella caminaba como si todo el entorno le perteneciera; se sentía la iluminación misma. Se sentó en mueble público, del más horrible diseño, y poniéndose cómoda, encendió un cigarro blanco, e inhaló el humo, con un gran placer… De lejos parecía una diosa antigua, de esa que quedaron esculpidas en los templos milenarios, como muestra perpetua de la belleza. Todas las miradas convergían en torno de la figura enigmática, de la guapérrima femenina.


Fue una procesión de hombres de diferentes aspectos, los que fueron a adorar la capilla del cuerpo de semejante espécimen. A todos les llamó apostatas, filisteos, y a algunos, les grito: Idolatras.


Un caballero de locura evidente, de vestimenta extraña, y de modales finos, se acercó suavemente con la “deidad”, y sin preámbulos, le dijo: Me puedes dar fuego. Al momento que mostraba su cigarro verde. Jamás mostró el mínimo interés, en la interlocutora. Ella contestó con calma y serenidad: Claro. Logró su objetivo, y sin despedirse, se dirigió, a perderse ante la multitud. Espera, no te vayas, deseo hablar contigo, eres muy especial, el grito salió, lleno de esperanzas, desde lo más profundo del ser de la dama de rojo. Parecía que los palabras se perdían entre el bullicio colectivo. Una larga sombra, venida de improvisto ensombreció todo,  haciendo pensar que el cielo lloraba sus penas, o quería hacer más infelices a los ciudadanos. Había muestras evidentes de que El Todo había sufrido un infarto de lamentables proporciones, y lloraba sistemas planetarios. El hombre llevaba en su mano izquierda, un paraguas, y de su boca, salían residuos de humo, los cuales, parecía que se pegaban en su rostro pálido, de enfermo, de demente, de vicioso, de alquimista. Luego volteó, furioso, enfadado, y mostrando su “rostro de demonio”, esperó, con impaciencia, a la dueña de las palabras.

 

UNA HISTORIA DE AMOR ETERNO

Me gustas. Eres muy guapo. Nunca había visto a algún ser como tú…
No tengo tiempo de dedicártelo, estoy muy ocupado.
Invítame, a pasear. Soy toda tuya.
Voy al hospital; me siento morir.
Te acompaño.
Estoy muy cansado. Todo carece de importancia, en este momento.
¿Acaso no te gusto?
Realmente no lo sé.
Todos dicen que soy muy hermosa, preciosa, bella.
¿Ah?, sí.
Nunca se supo que sucedió en verdad, entre la pareja, pero… por un tiempo se les veía por doquier, de la mano, abrazados, charlando, sentados en algún parque del centro de la urbe. A los lejos, parecían, personajes arrancados de un óleo “en especifico”, nunca creado, por ningún artista plástico. Hasta varios ociosos ciudadanos, opinaban que eran “dioses” antiguos, ya muertos, que se aparecían, buscando, a sus fieles devotos… Los psiquiatras oficiales, argumentaban, que sólo era una pareja de dementes, que deberían de estar internados en el manicomio Municipal, al cual se le conocía como: La Casona de las Desventuras. Se dedicaron a amarse con todo su corazón, su cerebro, su cuerpo, y hasta con su alma… No les importaba, en absoluto, el entorno, el mundo exterior, ni siquiera el movimiento que esta atrapado, en el espacio. Se hacían comentarios alarmantes, malsanos, perturbadores, sobre los gemidos, que salían volando, desde la recamara de los enamorados. De las palabras de amor, de ternura, de pasión, que con alas de fuego, incendiaban las consciencias tradicionalistas, de los habitantes descerebrados de la infame ciudad. De cuando la princesa “esquizofrénica”, salía a regar el jardín del encanto, donde sólo tenía flores azules y negras; y lo hacía siempre por la noche,  encontrándose desnuda. Mientras la luna, lloraba de envidia, ante tanta libertad, y belleza. El olor de opio, que la pareja de “iluminados”, consumía casi todas las noches, invadía todos los hogares de los habitantes, haciendo que, estos seres de medianas mentes, se sintieran mejor por algunos momentos… creyendo que era sin lugar a dudas el poder de alguna deidad vigente. Los lunes por la mañana, los “concubinos” (así les decía la población), se dedicaban a cantar con voces exquisitas, una opera antigua, que hacía que todos los objetos de vidrio de cualquier lugar explotaran, con el sonido potente que salía, de tan prodigiosas gargantas. También era una “leyenda” popular, la melancólica figura del “varón del buen fumar”, cuando se sentaba en una silla de madera gris, mientras leía un libro del siglo diez y nueve, y repetía constante, y fuertemente, los antiguos versos, del autor del objeto impreso. Como “eco maldito”, se escuchaba a diario, en cualquier lugar, por los detestables hombrezuelos, lo siguiente: Cuando hacen el amor, son unas máquinas infernales, incansables, insaciables, llenas de pasión desmedida, y hasta se derriten de tanta lujuria, y por la noche vuelven a recobrar sus hórridas figuras.


En una ocasión José Alberto cayó enfermo.
Marta triste y desconsolada.
El jardín se secaba todo.
Una mujer anciana, era una cloaca biológica, que llenaba con sus aromas fétidos, algunos pedazos de espacio.
Las plantas de cannabis, llenas de dolor, se incendiaron así mismas, para solidarizarse, con el caído.
Un zanate vomitaba sangre, mientras perdía el equilibrio.
Las flores se desmayaban.
Los habitantes llenos de felicidad.
Hasta el sol lleno de soberbia, lanzó una lluvia inclemente de rayos ultravioleta.
El cielo orinó, larvas negras y viscosas.
Un hombre huyó del hospital mental, buscando comer agua salada, y beberse un pedazo de carne de venado.
Un inventor “decrepito”, luchaba en su viejo laboratorio, en convertir el oro, en hogazas de pan de centeno.
Una mujer de cuarenta años de antigüedad, se bañaba a diario con sangre de niños de seis años de lozanía, tratando de detener el tiempo, que cruel y despiadado, la destruía, toda.
Un boticario preparaba un “compuesto químico”, pócima, menjurje;  especial para todo aquel humano, que estuviera poseído, por algún demonio despiadado.
Un viejo y enfermo caimán, se escapo de un refugio pestilente, llegó a un jardín de niños; donde cercenó cabezas, brazos, manos, piernas, pies… y algunos tiernos corazones.
La muerte blandía su guadaña de acero mortífero, mostrando su destreza, y seleccionando sus desvalidas presas.
Cientos, miles, de cerdos grises, fueron sacrificados, con una rara finalidad: se deseaba purificar del pecado, la ciudad.


Un número considerable de ciudadanos, se encerraron en sus habitaciones, elevando plegarias prerrománicas, para sus dioses ausentes, olvidados, sustituidos, y hasta destruidos.         

   
Hubo una muerte inexplicable de plumíferos negros, se encontraban por doquier sus cuerpos decapitados.
Sólo una adolescente de 16 años exclamó: ¡Oh!, sin duda es algo lamentable lo ocurrido. (Mientras se masturbaba, sobre las sábanas de seda, que cubrían una cama acogedora)


El día en que Alberto murió, el cielo vomitó una lluvia de flores oscuras, grises, sin color; una parvada de mariposas azules, que se metieron en las casas de todos los moribundos. Los árboles estaban llenos de cuervos ebrios, zopilotes dementes, y algunas palomas somnolientas… Un agujero negro, interpretaba magistralmente, el réquiem de Verdi, allá en algún lugar del infinito, con su singular y perfecta sinfónica cósmica. El cadáver del “pervertido”, no fue aceptado para ser sepultado en el panteón de la población, por tal motivo, su bellísima mujer, optó, por cremarlo, en un lugar lejano. Mientras el fuego se tragaba al occiso, sin  ninguna contemplación, y hasta sin piedad, la doliente elevaba, cánticos medievales, para que el sonido, acompañara a su José… Ella permaneció un largo tiempo en el lugar, donde se prendió la pira funeraria, y… se comenta, que lloró sangre.

 

EL SEIS

EL VIAJE DE NATASCHA
NO TIENE FIN…

Cuando mi mujer se lanza
En erótico clavado
Desde el trampolín
Del cielo
Se sumerge desnuda
En la piscina de mi ser
Alucinado
Pero…
Nunca puede llevar
Su cálido cuerpo
De sirena noctambula
Hasta las aguas turbulentas
Verdes
Fangosas
Negras
Que almacena mi corazón
Es mi bella dama azul
Una vampiresa ebria
Que recorre los bares
Nocturnos
Sórdidos
De la ciudad
De mi cuerpo
En busca perpetua
De mi sangre
Toda
Para beberla hasta
La última gota
Ella llora tequila añejo
Las frías noches
De invierno
Mientras mira la negrura
Del cielo
Donde sus ojos cansados
Azules
Verdes
Localizan mi rostro tatuado
En la bóveda celeste
Mi chica tiene las venas
Llenas de hachís
(Ensueño sagrado)
Que al abrazarme
Me llena de ensueños
Todo
Hasta convertirme
En una sombra eterna
Lejana
En busca angustiosa
Del fuego explosivo
De su cuerpo
Donde el rocío es lava
Esperándome
Diario
Para bañarme de locura
Toda una vida…
Mi hembra tiene un nombre
Que sólo mis labios
Morados
Pueden pronunciarlo
Las letras tienen
Alas de aire
Sólo se pueden escribir
En la nubes del cerebro
Las silabas son palomas
Decapitadas
Sobre un sarcófago negro
Esperando
Los sollozos de los dolientes
Es pues…
El sonido impronunciable
Para todos
El secreto que mi amante
Me otorgó
Sólo para mí
Sólo para mí
Mi amada señora
Tiene
Pintado en toda
Su tersa piel
Mi rostro de loco
Así soy de ella
Todo
Le pertenezco
Al volcán
En erupción
Que es su cuerpo
Trémulo
Después la pasión
La embarga
Todas las noches
De invierno
Convirtiéndola
En una escultura viviente
De lava
Que intenta fundirse
En un abrazo eterno
Ardiente
Para así lentamente…
Encaminarnos
Hacia el lecho estrellado
Del cosmos
Son sus ojos linternas
Antiguas
Llenas de luces inquietantes
De la más pura lujuria
Que me buscan
Todas las noches
De cualquier día
Cuando la lluvia
Llora deseos
Y el granizo furioso
Se derrite
Se muere
Entre la epidermis
De plata
De mi preciosa fémina
Es un piano perfecto
El cuerpo sonoro
De Natascha
(Hoy se me ocurre
llamarla así)
Que mis manos
Cálidas
Hacen sinfonías
Cuando la toco
Toda
Y luego se retuerce
Sobre las sábanas
De seda
En un capricho
De violines
Donde las notas
Musicales
Son rosas azules
Perfumadas
De antiguos olores
También la libido
Siempre está
Presente
Entre arpas desnudas
De gemidos en llamas…


EL SEIS

 
   LA PSICOLOGA.

 

                           No hay nada mejor en esta vida
                           que una bella dama.  

    Cuando la conocí, ella me consideraba un loco; hasta un “ser enfermizo”, depravado. Siempre me miraba con sus reservas, y en ningún momento, profundizaba su vista sobre mis ojos de  muerto. Me huía frecuentemente, argumentando, cualquier razón o sin razón; decía: debo buscar los silencios escalofriantes del universo. Estoy buscando el principio intrínseco de la vida. El poder del universo me aplasta y aniquila, cual una hormiga ebria. Se me quedaba observando con  mucha precaución y hasta cierto miedo. Yo, para ella, era sólo un poeta demente, iracundo y discípulo consumado de Dionisios. Suenan las campanas sus lamentos/Mientras los fieles enlutados se encaminan cual robots, hacia su creador/Los reverendos del metal esperan sus ovejas mecánicas, para aceitar sus cerebros/Alabado sea el Hierro/Bendita la maquina/Aleluya al aceite automotriz/Levantemos la batería al Señor del concreto/.

Ella, era la perfección de mujer. De piernas largas y bien torneadas. Ojos como cavernas obscuras y silenciosas. Sus caderas eran el movimiento mismo. Tenía un lunar pequeño en la mejilla izquierda, que la hacía verse más encamable. Estudiaba creo... Psicología, en la Universidad del Estado. Era introvertida, y un poco “altanera”, bueno... eso decían sus condiscípulos. Los ecos de Freud, taladran las consciencias/Mientras los hombres como autómatas se dirigen al pabellón de la locura/Sueñan los seres en símbolos dispersos y complicados, mientras el subconsciente se carcajea/Los dolores antiguos aparecen entre las nubes del pensamiento, y encadenan a los “sujetos urbanos”, y estos, con algunos “venenos espirituales”, alejan de sí, la cascada del sufrimiento.

   Nunca el “destino” nos unió, ni las probabilidades nos acercaron jamás. Fue un día lluvioso, cuando me dije: voy por esa mujer de pelo ensortijado. Llegué en cuasi estado de ebriedad, más una píldora de esas que nos hacen olvidar que existimos, me dirigí a ella, la belleza. Me gusta tu lunar obsceno, creo que le dije. No me contestó, sólo se me quedo mirando. No me palpitaba el corazón, porque, creo que no tengo; sólo se escuchaba el sonido de una máquina recién prendida. Yo no era la perfección estándar del hombre guapo; más bien mi atractivo era mi mirada de “locura, de demencia”. Eres muy especial, y bellísimo, exclamó en tono sereno ladama. Mis ojos eran antorchas en la madrugada/Mis manos ramas de algún árbol, donde corre la savia, como una maldición/Y mi rostro era el terror mismo/Afuera, allá donde se termina lo posible, una luz azul, me envolvía con su tristísima belleza/Era el hombre más perfecto...

Te amo, me dijo. Yo no contesté nada. Sólo nos encaminamos por las calles torcidas de la ciudad, buscando un lugar privado, donde tocarnos el cuerpo, donde fundirnos en uno, donde pertenecernos, donde ser la unidad, donde... copular todo el día. Queríamos alejar el sentimiento de “angustia universal”, “aniquilar la soledad”, “dejar de temblar ante las vicisitudes del vivir”.

   ¿Crees qué el sexo nos espante los demonios?
   No lo sé.
   ¿Me quieres?
   No lo sé.
   La vida, y todo lo que ésta implica se carcajeaba.

 
 

ESTE ES SOLO UN CANTO DE AMOR, DISFRAZADO DE LOCURA…

“Me encuentro en mis dominios territoriales (el manicomio); y el poder que ejerzo sobre mis súbditos (alucinaciones mentales) es ilimitado, ya que mi imperio esta constituido entre las fortificaciones de mi cráneo, y la sombras de los aparecidos. En mi estado de Alteza Serenísima, tengo un sin fin de enemigos, de los cuales debo cuidarme lo mejor posible. Pero estoy educado a la más alta escuela de la guerra y la política , y se muy bien que cualquier hombre (o demonio) que busque mi posición estará dispuesto a: Imperium cupientibus, nihil medium, ínter suma aut proecipitia. Sin embargo, tengo un ejercito magnifico de soldados, son los “enfermos” de este hospital de salud mental, compuesto por algunos: neuróticos, y psicóticos, que están dispuestos a dar la vida por su soberano. Aunque antes de usar la fuerza de las armas (contra los insurrectos vivos, y los insepultos), utilizaré una de las tácticas políticas romanas: panem et circenses…” Este es el canto más reciente de J. Capaverde, desde el famoso manicomio de Turquía. Me mandó un correo electrónico, el psiquiatra principal de ese centro de salud… “Estimado poeta El Seis, es necesario que se entere de las condiciones médicas en que se encuentra nuestro querido “huésped”, y apreciable paciente el Sr. Capaverde, es por este motivo que me es grato mandarle algunas líneas, para que usted, tome las medidas convenientes…” Sólo me reí en forma por demás estruendosa, pues sabía perfectamente, que este evento, sólo era una forma consciente de “confundir y alarmar” al personal de la “casa de retiro”, para enfermos mentales, por parte del “anciano decrépito” (como él mismo se autodefine). Debe de ser un juego importante de mi estimado amigo , para acostarse con algunas bellas damas (trabajadoras de la salud), de sabrosas carnes, de pechos prominentes, y lindos glúteos; que lo vuelven loco… Claro que el director del “hogar” psiquiátrico está alarmado, pues… si muere su más importante “fuente de ingresos” (el ilustrísimo benefactor), sin duda, tendrá muchos problemas, para seguir cubriendo la nómina de todos los trabajadores.    

Les envío un poema excelente como colaboración (viene adjunto) intitulado: El viaje de Natascha no tiene fin…. YO SOY EL ARTE.

Atte.

EL SEIS

PD: Los d.a/cr, son míos exclusivamente.                        
 

ES TU CUERPO  EL TEMPLO DE MI ADORACION.
"Es mi espada de Damasco, un arma muy especial, sólo cortará cabezas de poetas... para que no canten nuestras desventuras."

Yo soy el arte/Yo soy el Proxeneta de la Parca.

Atte.

EL SEIS.

PD: Los d.a. y el (cr) son míos exclusivamente.

21 de noviembre 2007

ES TU CUERPO EL TEMPLO

DE MI ADORACION.
Dedico este poema a una bella chica,
que conocí en un puerto. Yo fui su pescador,
ella mi sir
ena.

 

Cada silbaba de tu extraño
Nombre
Esta llena de odio
De rencor
Hasta de sangre
Pero nunca de olvido…
Siempre lo demuestras
Cuando tu acústica
Boca roja
Arroja polifónicos
Sonidos de filarmónica
Enferma
Sobre mi rostro
De papel pautado
Lleno de claves
Símbolos extraños
Donde se almacena
Una melodía inconclusa
Ejecutada por el universo
De mi ser atormentado

Mientras suena un triste

Oboe
Allá cerca del teatro
Infinito
De la ciudad caótica
De mi cerebro
Aunque vuelen violentos
Los años
Sobre la piel eterna
Del cosmos
Tu cuerpo tapizado
De “ángeles ebrios”
Eleva cánticos
De la más viva pasión
Haciendo alarde
Desmedido
De su tersa lozanía
Cuando estás conmigo
Escuchando la melodía
Que brota desde las sonoras
Catacumbas
Del ataúd morado
Que cubre la estructura
De mis huesos
De mis sueños

Y así…

Aunque el cielo
Tiemble
Arroje lunas rotas
Lágrimas de nubes
Caiga algún planeta
Herido
Somos el único dúo
Donde cada voz
Rompe
El óleo del silencio
Cantando
Aullando
Su propia ópera de metal
Para sumergirse
En el lago utópico
Donde está almacenado
El amor
Como una maldición
Sempiterna
El sonido divino
De esplendente lujuria
Que se esconde
Bajo la suculenta epidermis
Plateada
De ese montón de carne
Trémula
Es la pasión de mi amada
Parece que huyó
Despavorido
Para jamás volver
(Dicen ancianos clarividentes)
Está escondido
En el fondo de un viejo
Violín azul
Que en espera dolorosa
Agoniza
Su vida de madera
Entre las sepulturas antiguas
Del camposanto
De los olvidados
El cual fue ejecutado
Por una generación
De músicos “dementes”
Donde las cuerdas
Presas de convulsiones
Gemían
Las mejores notas sensuales
De una melodía llena
De pechos de miel
De rítmicas caderas
De ríos de libido
Que corren sobre
Las aguas verdes
De los antiguos oyentes
Ya muertos…
Es tu ser perfecto
(Algo así)
Como si estuvieras siempre
Atrapada
Entre la magia de un mantram
Donde tus fieles devotos
Lo pronuncian
Para adorarte
Siempre
Tienen en sus manos
Rosarios
De lágrimas
De pasiones
De fe…
Donde la repetición
“Diabólica”
De palabras extraídas
De tu cuerpo
(Un tanto confusas)
Es como un vuelo
De abejas locas
Es tu cuerpo
Un templo gótico
Lleno de bellas naves
En vuelo incierto
Tus ojos
Columnas que sostienen
El peso de tu belleza
Incomparable
Rosetones magníficos
Tus pechos
Cuando están henchidos
De pasión
El altar donde huele
A lluvia de incienso
Es tu talle perfecto
Cuando estás desnuda
El silencio sepulcral
Que vomita
Una misa
De cuerpo presente
Es tu mente
Cuando
Piensas en tus fieles
Amantes
Algunos muertos de amor
Muchos de rodillas
Lastimadas
Aún prestos para adorarte
Siempre
Nadie sabe conquistar
Tu corazón
(Reina tirana)
Sin ser esclavo
Del imperio de tus besos
Estudian estrategias
De guerra apasionada
Para cercar el palacio
De tu cuerpo
Cómo vencer de manera
Oportuna
Eficiente
Los soldados etéreos
De tus iracundos
Arrebatos
Buscan el arma perfecta
Para despojarte
Del vestido de seda
Que cubre tu erótico ser
Hecho de maravillas
He iluminas el todo
Con tu belleza
Aunque no haya luz
En el universo
Y los ojos de los humanos
Están ciegos de tanto desear
De tanto amar
De tanto buscar
De tanto nadar
Cual pescados asustados
Huyen
De las redes asesinas
Imaginarias
Que se encuentran instaladas
En las lagunas de sus mentes
Alucinadas
Pero…
Siempre esperan todos
Diario
Con una pasividad
Que espanta 
El movimiento suave
Delicioso
De tu cuerpo desnudo
Sobre sus brazos de agua
Sus manos de sal
Para después besarte
Entre las burbujas etílicas
De las olas incróspidas
De olores eternos
Del más puro amor…

EL SEIS