Laura Aguilar Ramírez

Laura

 

 
 

En una ocasión un ángel que paseaba por la tierra, se sentó a la vera de un camino, contemplando plácidamente la luna.

Sentado sobre el césped interroga al Creador acerca de su destino.

Piensa muy seriamente en cuál será el fin o el motivo de su existencia.
Ha oido muchas veces que los ángeles se pasan adorando y alabando a Dios. Y piensa "¿éso haré todo el tiempo hasta los fines de los tiempos?"

No es que no le guste alabar y adorar a Dios siempre, pero ¿será éso lo que hará  por toda la eternidad?

El Padre lo oye por supuesto y sonríe ante su preocupación. A cada sonrisa y a veces carcajadas del Padre una estrella colocada tras el ángel tintilea. A veces su tintilleo es muy fuerte, pero el ángel preocupado y concentrado no se da cuenta.

A unos pasos del ángel se oye una queja lastimera. Lulis que así se llama éste ángel, saliendo de su contemplación acude hacia donde se oye el sonido.

Encuentra a un hermoso cachorro lastimado. Una de sus patas está rota, no puede caminar normalmente. Se queja amargamente además porque a causa de su lastimadura no puede seguir a su madre y sus hermanos hacia un estanque. Su madre no se ha dado cuenta de que se rezagó y ahora el cachorro está perdido.
Lulis se acerca y trata de consolarlo, lo acaricia suavemente limpiando la sangre que mana de su patita. Procede a aplicarle una venda junto con unas hierbas curativas y la sangre deja de fluir.

Pregunta al cachorro acerca de su historia. Y él le platica que venía caminando muy alegre tras su mamá, jugando con sus hermanitos. No se dió cuenta y encontró una trampa. Cayó en ella y se lastimó la pata. Pudo salir de ahí con muchos trabajos y porque la trampa no estaba muy alta. Pero ya no vió a su mamá.
  Como pudo, arrastrándose, trató de seguirlos pero todo fué  inútil. No los veía por ningún lado. Trató de seguir sus huellas. Se habían borrado con el viento. Trató de seguir su rastro por medio del olfato. Todo inútil.
Parecía haber rastro por todos lados. Tal vez tenía gripe y no se había dado cuenta. O tal vez simplemente no había puesto mucha atención cuando su mamá le enseñó a seguir rastros.
Es que éste cachorro era muy juguetón.
 Lulis siguió consolándolo y decidió esperar a que se hiciera de día, pues ya había caído la noche.
Se durmieron acurrucados uno al otro y al día siguiente unos lenguetazos lo despertaron.
El cachorro estaba listo para continuar el viaje buscando a su mamá.
Lulis se desperezó y poniendo atención, oyó unos ladridos lejanos.
El cachorro también los había oido puesto que levantaba las orejas y empezó a ladrar muy fuerte.
Los ladridos se iban acercando. Cada vez más cerca. Más cerca....más.

Unos hocicos se asomaron tras la loma y 4 hermosos cachorros llegaron saltando y acariciando al cachorro. Detrás de ellos, su mamá llegó orgullosa. Había dejado que sus hijos buscaran a su hermano siguiendo los rastros tal y como ella les había enseñado.
Al ver los rastros ella se dió cuenta de lo que había sucedido, pero dejó que sus hijos aprendieran, confiando en que el cachorro encontraría un refugio mientras ellos llegaban.

Y así sucedió. El corazón de una madre no se equivoca.
Y tampoco el corazón del Padre. Lulis al ver lo alegres que estaban todos reunidas, agradeció a Dios alabándolo por todo lo bello que nos da, por los cachorros, por las madres, por los padres. Por la luna.

Volteó al cielo para alabar a Dios y entonces se sorprendió de ver en pleno día una estrella centilleando alegremente. Era otra carcajada de Dios que estaba feliz porque Lulis entendió por fin el sentido de su existencia. 

 
La flor silvestre convertida en rosa
Laura Aguilar Ramírez.

 

Había una vez..... Una flor.
Una sencilla flor, con pétalos sencillos como ella. Era una flor silvestre que pertenecía a la familia de las flores silvestres que nacen en todos lados.

Sin embargo ésta flor no estaba contenta con ser una simple flor silvestre, ella deseaba ser una flor como aquellas que inspiran poesías, como aquellas que son regaladas en nombre del amor.

Cada día que amanecía y veía que tanto ella como las demás flores de su familia eran ignoradas por aquellos que pasaban y cortaban sólamente flores suntuosas, sufría y lloraba amargamente su desconsuelo.

Un día su madre, no pudiendo soportar ver todos los días triste a su hermosa hija oró y oró ... y oró, pidiendo a Dios cambiara el destino de su hija para no verla sufrir.
Como todas las oraciones que son dichas con fé y con amor fué finalmente escuchada.

Al día siguiente, la florecita silvestre amaneció con una tripe capa de pétalos rosados, con bordes color encarnado.
Su centro tenía un ligero toque dorado.
Realmente estaba hermosa.

Era tanta su alegría que no podía ocultarla y abrió sus pétalos para que la admiraran.

Estuvo así todo el día, pensando en lo que las demás flores envidiarían sus colores, su forma, su distinción.Finalmente, al término del día, recordó a su madre y volteó a comunicarle su felicidad.

Su madre yacía inerme sobre el pasto. Sus colores habían desaparecido.

La florecita por fin comprendió: su madre había sacrificado su vida para hacerla feliz, para cumplir su deseo.
Cada tinte en sus pétalos eran los colores de su madre, el borde encarnado de sus pétalos era el amor de su madre y el centro dorado, su corazón.

La triple capa de pétalos eran los pétalos de su madre que uno a uno fueron pasando a ella para hacerla más hermosa.

Desde ése día la flor silvestre convertida en una hermosa rosa supo que la felicidad no es lo exterior sino el interior de las cosas.
Es por éso que las rosas tienen espinas. Como un recordatorio de que la belleza no lo es todo en la vida.

También con ésta lección la flor comprendió el inmenso amor de su madre y aprendió a ser sencilla. Tanto que su deseo de ser escogida como inspiración se cumplió.

En recuerdo al amor de su madre, desde ese día las rosas son las flores con las que se adornan las oraciones de los fieles a la Madre de todos, la Virgen María.

Dulces sueños.

 

Laura Aguilar Ramírez

 
La paleta de pinturas.
Laura Aguilar Ramírez.

Era un viejecito, tan viejo como el tiempo, tan joven como la vida. Sentaba a platicar con sus "angelitos.  Un viejecito que un día creó éste polvoriento planeta.

Dudo un poco que fuera por aburrimiento, pienso que más bien fué por amor, por un amor inmenso que no le cabía en el alma y que hizo explosión, una explosión llena de colores, llena de luces, llena de sonidos, que se expandió por todo el universo, en miles de millones, de millones de millones de partículas de su inmenso corazón.

 Cada partícula es parte de El......Cada partícula es parte de su corazón.....
Una de ésas minúsculas partículas, la más pequeña, la más hermosa la tomó en sus dedos, la mira con su dulce amor, es parecida a sus ojos de un brillante azul, con un iris café resplandeciente.


Y entre toda ésa inmensidad de partículas ésta es su preferida....

Y como a todo lo que se ama, se le quiere embellecer, busca la forma de hacerlo....

Piensa: qué podré hacer para hacer más bella ésta hermosa esfera azul?
-Ya tengo un color café. Sin embargo.... algo falta...vamos a ver...vamos a ver...


Saca su paleta de pintor... (porque en sus ratos libres se dedica también a la pintura... Es tan creativo que todas las bellas artes las domina... cómo no? si El las creó?)


Ve un bello color verde esmeralda, brillante y da una pincelada... Tomó un hermoso color verde olivo y da otra pincelada.... Ese día estaba realmente inspirado y cada pincelada, era una nueva inspiración..

Todo va muy bien , pero era la hora de dormir la siesta , bosteza y dice:- he trabajado bastante, me acuesto un ratito y después sigo.
Está realmente tan cansado que olvidó su  paleta , sus pinceles y sus pinturas .

Escondidos entre las nubes los angelitos han visto la actividad de Papá y desean hacer lo mismo que El.
Así que uno toma un pincel, otro unos colores, el otro se pelea por quitárselos:
-         yo primero , déjame a mi , dame el rojooooo!!


Mientras papá duerme placidamente los angelitos hacen un lío.  Miguel es el ángel en jefe. Dios lo puso para poner límites.
Miguel , los ama pero es fuerte con ellos... sabe que son su responsabilidad y sabe que debe cuidarlos cuando Papá duerme.Todos lo respetan, así  que al ver lo que están haciendo les llama la atención. Los angelitos dejan por fin las pinturas, están todos manchados....sus vestiditos.... sus alitas.
-¿ que han hecho –pregunta Miguel enfadado.
  
-Vamos a arreglar ésto, antes de que Papá despierte
!!! No quieren que se sienta triste, verdad?

Los "angelitos" se miran consternados...
-¿Arreglarlo? ¿nosotros? - decía uno.
- Nosotros no sabemos cómo hacerlo...- decía otro
-Esto no tiene solución... Además yo no lo hice...yo estaba tranquilo viendo las nubes-decía el de más allá, escondiendo sus manos llenas de colores.


Voltean a ver su "obra" en donde estaba una hermosa pincelada verde, hay un manchón negro... donde había un brillante color azul, se ve una horrible mancha gris... ahí en donde Dios pintó un adorable color amarillo, hay unos puntos rojos.

Ni Dalí o Picasso pintarían cosas así... Claro que los "angelitos" desconocen quienes son ellos,, éstos son unos angelitos un  poco distraídos.

-Qué haremos? - se preguntan... no queremos entristecer a Papá..

Miguel sólo los ve, sabiendo que El tendrá que darle solución a todo ésto.... ¿Serán capaces los "angelitos" de darse cuenta de que ellos también pueden hacer hermosas cosas, no sólo "chorrear" sus pinceles y botar colores sin ton ni son?... ¿serán capaces de darse cuenta que Dios es tan maravilloso en su creación, que ahí donde se manchó el amarillo con el rojo surge un naranja maravilloso?....

---En la Tierra que es como se llama ésa pelotita azul, ha habido una gran tormenta. Rayos, truenos, cataratas de agua caen por todas partes.
Finalmente al amanecer renace la calma.

Varios niños que han estado encerrados en sus casas a causa de la lluvia, comienzan a salir y se reúnen en el parque. Como el pasto está todavía mojado, sus madres les han prohibido jugar.
Entonces, pensando qué pueden hacer, se ponen a mirar el cielo.

Ven cantidades de nubecitas de todos colores, como salpicadas por la pintura de una gran paleta. En medio de ellas, una nube más grande, a cuyo lado hay otra con forma de espada que refulge con una gran luz. Las nubes pequeñas al principio se mueven de un lado a otro como llevadas por el viento que todavía sopla con fuerza.

Poco a poco, la brisa se va haciendo más suave, las nubes quedan quietas en el cielo y al ir apagándose la luz, los niños ven una enorme estrella que les guiña el ojo.
Envueltos en una gran paz todos vuelven a sus casas y ésa noche sueñan con su Angel de la Guarda.

Este es el cuento que mamá ha contado a sus dos pequeños hijos en una tarde lluviosa.

Estos niños, quedaron tan hermosamente impactados por el relato del viejecito al que llamaban Papá y de los ángeles que en sus sueños los recrean...

Los ven saltando de aquí para allá, pintando, manchando al igual que ellos cuando juegan llenos de energía, llenos de dulzura aunque algunas veces se dejen llevar por sus arrebatos infantiles.

Al imaginarse la  hermosa pintura que Papá estaba pintando y al verla  toda manchada se sienten temerosos, como en una pesadilla, deseando despertar y ser consolados por su mamá.
Cuando aparece Miguel con su espada refulgente, se espantan más.
Y deciden ayudar de alguna manera a corregir la pintura. Miguel les indica que con cada buena obra, con cada buena acción, una nueva mancha se quita de la pintura. Así que ellos se dedican a hacer buenas obras, buenas acciones, con las cuales Miguel toma su espada y mezcla los colores.
Ven jubilosos que la pintura en vez de echarse a perder, va tomando nuevas formas igual de bellas, se dan cuenta que ellos también son unos maravillosos pintores, que han extraído nuevos colores de la paleta de Dios... que la mancha café que Dios había puesto, además de pinceladas verdes, tiene ahora también pinceladas  amarillas, rojas, naranjas.... que el azul de un sólo tono, en algunas partes es más intenso, en algunas es casi verde, en otras plateado....que los pecesillos que nadan en el lago pintado en la pintura ya no sólo son cafés, sino también los hay de colores. 
¡¡Qué felices se sienten!!! Han ayudado a Papá sin darse cuenta, han ayudado a hacer más bello su planeta azul!!!

.... -Buenas noches!!! Un beso... (es así como todas las mamás despiden cada noche a sus "angelitos").... Que sueñes con los angelitos!!!
¡Qué ocurrencia!!! Sólo a las mamás podía ocurrírseles algo así.
¿Que no saben que los niños son como angelitos?
¿En qué quieren que sueñen si les deseamos que sueñen con ellos mismos?
Pues en juegos.... ¿en qué más?

No... si ya decía yo que a las mamás se les olvidó como a Peter Pan en la película, que alguna vez fueron niñas....-shhh... no se lo digan a mamá- puede pensar que estamos medio "chiflis" . Ya se le olvidó el maravilloso mundo de la imaginación.

Tal vez por éso Dios está tan cerca de ellos. Tal vez por éso en los sueños es como se comunica con ellos.

Y es en los sueños en que les recuerda cuánto los quiere. Cuando mamá y papá se despiertan a medianoche a tapar a sus "angelitos", pueden ver en sus caras una ternura insospechada. ¡Claro!! es que están "hablando" con Dios.

Pobres de los adultos que ya olvidaron éste lenguaje secreto, que tratan de leer los sueños, de interpretarlos.
Todos los niños saben que los sueños no se interpretan, sólo se sueñan... ¡Qué tontos!


MUJER

Había una vez....En un pequeño lugar, escondido en lo más recóndito del corazón de Dios una semilla.
Era una semilla pequeñita, delicada. Era una semilla conservada en lo más profundo del amor de Dios.

Era una semilla pensada, diseñada con un propósito que sólo El conocía.

Un día Dios decidió que era tiempo de que la pequeña semilla conociera el mundo. Un mundo creado por Amor de El y creado para goce de aquellos a quienes tanto ama.

Y un día germinó la semilla. Salió asomando un pequeño tallo; al sentir la calidez del sol, elevó su cuerpo hacia él, tratando de alcanzarlo, tratando de sentir dentro de sí su calor.

Empezaron a brotar de su tallo unas diminutas hojas, cada una de las cuales era una obra de arte por sí misma. Perfecta en cada una de sus partes.
Y finalmente surgió de su tallo, un botón. Era un botón hermoso, delicado, de brillante color, con la tersura de la seda y la belleza de un amanecer.

Con miedo al principio y con hambre de sol después, abrió sus pétalos para recibir en ellos el calor y la luz. Había nacido la primer flor, había nacido directamente del corazón de Dios, guardada con ternura y enviada al mundo finalmente para dar testimonio con su belleza de la grandeza de El.

Llevaba en su interior, muy dentro, semillas parecidas que un día al igual que ella, saldrían al mundo para embellecerlo, para recibir el calor y la luz del sol y para dar testimonio del Amor tan grande de Dios puesto en su creación.

Era una flor que no se preguntaba nada. Simplemente disfrutaba del sol, disfrutaba de la tierra que la alimentaba, disfrutaba del agua que caía del cielo. Sabía en el fondo de ella que el sol, la tierra y el agua eran enviadas por Aquel que la había creado para que los disfrutara y es lo que hacía todos los días.
En las mañanas abría sus pétalos para recibir el sol, bendecía a la tierra y cada vez que el agua caía sobre aprovechaba para darse un baño y quedar hermosa para Dios. Por las noches, cerraba sus pétalos para conservar el calor, la luz, el agua y el nutrimento recibidos. Para volver a abrirlos al día siguiente, como un agradecimiento a su Creador. Era una semilla convertida en una hermosa flor llamada Mujer.

LA PLANTA DE ORO Y EL AMOR.

Había una vez.... escondida en una gruta, una gruta oscura, oscura en la cual no entraba ni un rayo de luz, una hermosa planta.
Una planta dorada, con delicadas hojas de filigrana, con exquisitas flores de cristal.
Alguien la había colocado en ése lugar, temeroso de que se la robaran.

Si le preguntaran de dónde la había obtenido, seguramente tendría que hacer un gran esfuerzo para recordarlo. Había pasado por tantos y tantos obstáculos para obtenerla que lo único que recordaba era el gran amor que le tenía. Sin embargo, ése amor se había transformado poco a poco en obsesión, vivía temeroso de que se la robaran.

Anteriormente, la tenía en su casa, a la vista de todos sintiéndose orgulloso de su posesión y agradeciendo el que la admiraran y admiraran el trabajo que pasó para obtenerla. Compartiendo su belleza con todos.

Un día llegó a su casa un tasador, un anticuario que al ver tan hermoso ejemplar, le dijo que era muy valioso, que valía tanto que no faltaría alguien que quisiera robarla. Desde ese día, su corazón no tuvo descanso. Ideaba formas para evitar que alguien entrara a su casa, buscaba maneras en las cuales pudiera él verla, pero sin que la vieran los demás.
Se volvió huraño, sin desear la compañia de nadie. A pesar de que nadie entraba a su casa, seguía temiendo que lo robaran, que entraran, no dormía por cuidar su preciado tesoro. Finalmente, un día, decidió llevarlo a una cueva escondida en la lejanía, donde no entrara ni la luz.
Iba diariamente a contemplar su tesoro, acariciándolo y besándolo; se cuidaba de que nadie lo siguiera, daba vueltas para llegar a la cueva y cuando estaba seguro de que nadie estaba cerca, entraba llevando una antorcha con la luz suficiente para poder ver su planta.

Un día, al llegar a la cueva, vió otros pasos diferentes a los suyos. Eran unas pisadas diminutas. Temiendo lo peor, entró apresuradamente, encontrando rota su hermosa planta. Las flores de cristal yacían en mil pedazos, la filigrana de las hojas tan delicadas, estaban esparcidas por todos lados ¿y el tallo de oro? se preguntó, llorando al ver su tesoro destruido.
Empezó a buscarlo para intentar reconstruir la planta, sabiendo en el fondo que no lograría hacerlo. Llorando desconsoladamente y maldiciendo, jurando matar a quien osó destruir su tesoro, buscó y buscó, hasta que finalmente en un rincón encontró a un pequeño niño, dormido con el tallo de oro en las manos.
Durmiendo plácidamente en ésa oscuridad.
¿Cómo llegó hasta ahí? Imposible de saber. El niño era demasiado pequeño para explicarlo.

El deseo de matar a quien destruyó su tesoro, se evaporó ante la imágen de ternura y de ingenuidad del pequeño. La inocencia de ése pequeño fué una luz que entró poco a poco a su corazón, devolviéndole el amor que siempre había sentido hasta que alguien le envenenó el corazón con la duda.

Tomado entre sus brazos al niñito salió de la cueva, dispuesto a olvidar toda la amargura con la que había vivido. Con la venta del tallo de oro de su planta construyó un hogar para niños huérfanos en donde el primero fué el pequeño que encontró.

Es así como Dios nos muestra que aún en el corazón más negro, la luz de la inocencia es capaz de penetrar e inundar todo con su amor.

Dulces sueños.