Marco Fonz de Tanya


Marco Fonz de Tanya (Ciudad de México, 1965).

Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en la Escuela de Escritores de la SOGEM.

Ha impartido talleres de creación literaria en diversas ciudades de México y ha desempeñado labores editoriales y de promoción cultural en medios impresos y radiofónicos.

Fue becario del Centro Chiapaneco de Escritores en 1994 y 1995. Residió en Barcelona, España, durante 1998, donde emprendió tareas de difusión y docencia en torno de la poesía.

Su obra publicada comprende los volúmenes:
Los animales mal llamados hombres (1992), Intermedio absurdo en una función de medianoche (1994), Del hominem amorfo (1994), Cantos siniestros a Chiapas (1994), El ojo lleno de dientes (1994) y Los buscadores de Shavana-Lamar (Premio Estatal de Poesía Rodulfo Figueroa/Biblioteca Popular de Chiapas, 2002)

 

El pensamiento feroz de algo pequeño

Cuando éramos bellos e inmortales y las moscas y
gusanos
estaban lejos de nuestra nítida visión de niños sobre
la tierra.
Cuando ella era un vestido en donde colgar los sueños.
Cuando era ese grano sorprendido en la tortuga que
viaja por galaxias.

Cuando nuestras manos eran ciegas y descarnadas
buscando miel y llanto
nuestros pies eran sombras lunares
mandadas a lavar con diosas y termitas
nuestros cuerpos eran el
hueso
donde se regocijaban el perro o la rata.

Éramos todo eso y la tierra era joven y lejana.

Cuando teníamos la inocencia estúpida bajo las axilas
y un monstruo de dos cabezas dormía en la misma
almohada.

Éramos tú y yo terribles insectos devoradores de
ideas, de silencios.

Cuando como brillo de un pensamiento o relámpagos de
sabia luz
existíamos incómodos buscando preguntas dentro del
sombrero,
dentro del conejo, dentro del mago.

Cuando éramos bellos e inmortales fuimos engañados,
entonces yo, era un imbécil confiado, y tú, gentil y
en silencio,
nos dimos de amantes contra el suelo.

 

 

Antepasados

Un día más sobre las ruinas y mi locura será eterna.

No cierro por completo mis ojos
por temor a que me ataquen
los fantasmas de estos sitios.
Todo aquí tiene una piel transparente y viscosa
se mueve tan despacio que me da vértigo el movimiento
estático
que hace sombra de mi luz recuperada.

Una pluma más de quetzal y vomitaré todas las iguanas
y armadillos
todos los monos y los príncipes insepultos.
Una pluma más de guacamaya y vomitaré todos los
lagartos y garzas
todas las ceibas y cafetales, todas las escalinatas.
Una mancha más de jaguar y vomitaré los lugares
sagrados
todos los caracoles de río y todos los días del
calendario estelar.

Un día más sobre estas ruinas y comenzaré a tragarme
el cuento de nuestra grandeza en el pasado.
Como si no los viera llorar perdidos en los siglos.
Como si
nos los viera suplicar un poco de ayuda.
Como si no los viera buscar escorpiones debajo de sus
camas.
Como si no fueran los eternos cobardes a la muerte.

Grandeza ancestral mi pie sobre la roca.

 

Ceiba

Parece mentira ceiba que te burles de nosotros.
No sabes que basta con que cierre mis ojos para que tú
ya no existas.
No sabes que hiriendo mis oídos con cera
dejaré de escuchar las voces de tus ramas.
No sabes que con darte la espalda
mi cara es un lugar más limpio de insectos.

Vaya necedad de quererme hacer enano.

Dijeron que enterrará mi ombligo en tus raíces.
Dijeron que dentro de ti vivía un dios, un espíritu.
Dijeron que te respetara aunque tus frutos
fueran cuerpos colgantes.
Y todo eso lo hice pero tú reías y te ensañabas con mi
inocencia.

Ceiba imbécil nadie te hará recuperar el cielo del
cual caíste.

 

Un pueblo

Tradiciones de enanos que se creen gigantes.
Topos enmarañados de raíces.
Mapaches ostentando la corona y serpientes vestidas
para fiesta.
Quién no quisiera levantar la mano
y bajar el telón de esta triste
comedia.

Allá en la casa rosa vive un viejito de quinientos
años
que sabe todas las canciones de tortura.
Al fuego con él.
Allá en la casa verde
vive una anciana que se sabe
todos los puntos de costura.
Al fuego con ella.
Ahí está la escuela orgullo de pueblo de iletrados.
Al fuego con ella.
Y allí está el ayuntamiento corral para ganado de
engorda.
Al fuego con él.
Ahí la biblioteca con un y cien libros que nadie lee.
Al fuego con ella.
Y ahí los museos que brillan por vacíos en las
conciencias.
Al fuego con ellos.

Y al fuego con todas las lágrimas de hipócritas
señoritas casaderas
al fuego la cara de los galanes vetustos
que dicen estar a la última moda.

Pero vea, allá está el monumento de nuestro héroe
inventado.
Al fuego con él.
Ahí nuestra iglesia que saca del aire beatas.
Al fuego con ella.
Ahí nuestra casa de cultura pobre elefante rosa.
Al fuego con ella.
Ahí van nuestros indígenas.
Al fuego con ellos.
Y allí nuestras mejores familias.
Al fuego con ellas.
Ahí nuestro mercado típico.
Al fuego también.

Y al fuego con todas las palabras huecas de nuestros
intelectuales
y poetas de pueblo con sus vestiduras de
magos
y alquimistas mediocres y bastardos.

Pero no se vaya, vea nuestro centro turístico.
Al fuego con él.
Allí nuestra discoteque.
Al fuego con
ella.
Aquí nuestro parque y portales.
Al fuego con ellos.
Allá nuestros horarios y trabajos.
Al fuego con ellos.
Al fuego con las viejas y malas costumbres.
Al fuego con el engaño.
Necesitamos un hombre despierto.
Al fuego con todo.
Al fuego con todo.
Al fuego con la promesa.
Pero que no se vuelva costumbre lanzar la vida al
fuego.

 

De amor bajo la luna

En ese jardín donde no nos separaron como a Eloísa y
Abelardo
creamos el amor bajo el lado descarnado de la luna.
Las brujas me besaban mientras tú cerrabas los ojos
los duendes te besaban a ti y mis ojos huían
despiertos.

Dentro de la vegetación la noche era el monstruo
y ahí no llegaba el lamento del hombre
ni el de Tristán ni el de Isolda.
Dentro sólo llegaba el sonido del fraternal abrazo
entre
el vacío y el espanto.

No cometimos el error de nuestros primeros padres
que la piedra lleva en su memoria
y cuenta a las nubes sobre el primer jardín humano.

Y odiamos estar en estos cuerpos.
Y amamos el haberlos conocido.
Pues mi cuerpo es lo deforme del espíritu
y el tuyo la espina del alma.

Valiente aire nocturno consejero de amantes
tímida tierra espantada por el deseo.
Fuego que fue habla en el sudor de Eva
y Adán, hambriento de Lilith,
cuenta que cuenta la historia de Romeo y Julieta.

En ese lejano jardín de nuestra
historia
Novalis cantó a Sofía y Fausto a Margarita.

Entre simetrías de vuelo
Dante vio por vez primera a Beatriz,
Werther se suicidó
y yo te
agarré por la cintura como un demonio abraza
un sueño.

No puedo decir qué tan lejos estábamos de la
perfección.

Y odiamos tener boca y
sexo.
Y amamos el aprender a nombrarlos.
Pues mi sexo es la inspiración del caos
y tu boca el principio de mis palabras.

Es ese jardín lloramos nuestro nacimiento
que era el comienzo de nuestra muerte.

Y concientes del destierro
nos amamos entre tritones y sirenas
gárgolas y arpías
el dedo índice y el medio
entre Chiapas y el infierno.

 

Canción

El mal no está en la tierra, ni en el pueblo, ni en su gente.
Yo soy quien se equivoca.
La enfermedad es dentro de mí y no vive en nadie más.
Yo soy el que se convierte en estatua de sal.

Sueñen tranquilos, los malos no duramos mucho en el
cementerio.

(De "El ojo lleno de dientes", 1998)

 

El grito

La boca se abre tanto
que es un cuarto vacío,
con un solo deber.

Al gritar se va todo menos la vida,
ella se queda como una maldición,
como enano buscando altura con su grito.

Mi grito es un puente
de aquí hasta donde quieras.

Tu grito es un tornado
bailando en mi uña.

Se abre tanto este corazón
que es el único grito rojo que tengo.

 

El sueño de las tortugas

Las tortugas sueñan con tortugas.
Dejamos de creer en ellas
hace ya tanto tiempo,
que sólo en su caparazón se guarda
la memoria del mundo.

El orden quedó invertido,
nos quedamos en la peor parte.
Hay quien tiene la fortuna de bien morir.

Fantasmas con martillos me piden sacrifique
        a una tortuga,
agarro a la tortuga
y asesino a los fantasmas.

¿Las tortugas piensan en tortugas?

Una noche escuchaba cómo la tortuga
repetía una y otra vez:

Estoy llegando a donde no recuerdo.
Estoy llegando de donde no recuerdo.

 

La abertura original

Por la abertura original he caído,
el de atrás me empujó a mí,
yo al de adelante.

Me rompí la boca al caer,
pues tengo las manos atadas
y los ojos cerrados por la membrana de los siglos.

No me culpen;
el mal ya existía antes de que yo llegara.

Todo estaba ocupado,
salvo un pequeño sitio en un viejo vagón del metro.

Ahí llegué como niño frente al espejo,
subí, me bolsearon, manosearon, besaron,
arrancaron mis ciegas ropas, mi alma; mi dignidad
          se dio al juego;
con mi vergüenza por delante y mi deshonra
           por atrás,
yo empujé
al de enfrente
y el de rojo me empujó por la abertura original.

Salí rompiendo mi cerebro contra una gran plaza
acorralada de edificios violadores de inocencias.
Nada reconocí pues nada es mío,
caminé despacio entre la gente
apretado contra mi alma y un suspiro arrinconado.

Del lado izquierdo apareció una mujer,
con boca de cierre,
me hacía señas con los ojos,
me llevó a una pared blanda, oscura,
puso mis manos atadas sobre la abertura original
y reconocí a Dios,
mientras el mundo me empujaba
y yo empujaba al mundo.

 

Los niños blandos

No seré yo
partícipe de sus juegos ni de sus risas.
Ni seré cómplice en sus fiestas, ni en su entrega.
La historia ya tiene suficientes cerdos,
la madre ya ha parido todos sus abortos,
como para que yo me quede con ustedes.

Niños blandos con razones de agua.

La inconsciencia es un par de alas deformes
y la lucha es en contra de ellas.

No puedo hablar por todos pues sólo es mía
        
una boca.

La tradición comienza, muera la historia.

Todos lucen cansados y hartos,
todos abdican antes de pelear.
Niños blandos,
lejanos seres de esta tierra.

El destino ignorado ha hecho de ustedes la presa
y ya habrá mañana alguien que cante amaneceres.

Y no,
no
seré yo quien comparta su comida, ni su vino.
Ni su mujer, ni su lecho, ni su comparsa,
         ni su canto.
La letra ya ha sido vejada y su hija muere ahora
         en sus manos.

 

Parricida

He matado gente que no esperaba por mí.

Con sus cabellos rellené almohadas;
sus rostros son ahora mis sueños.

Soy un asesino,
dejé clavadas sus uñas a mi espalda,
dejé sus cuerpos colgando
como universos secos
para que la sangre bañe con crueldad
la boca de esta tierra avergonzada.

Matricida,
a ella le saqué las entrañas.
Parricida,
a él
solamente el nombre.

 

El punto más oscuro 

No escatimes la felicidad
a los que en esta jornada terrena
se han consagrado a la noche.

                                               Novalis

Somos el punto más oscuro de donde nace la noche.
Esa capa vieja de vagamundo,
esa boca de dios ahorcado.

Somos la terrible tempestad vuelta carne.

De nuestros cuerpos nacen los ciclones
y los cíclopes enanos que sostienen las camas.

Tú escogiste ser el punto más oscuro de mi cuerpo,
el punto innombrable.

Regocíjate, la felicidad también existe
          fuera de la luz.

Somos entonces la palabra no dicha,
la más oscura de todas las palabras.

 

Flores derretidas

Ante todo soy el mal
y sé por esto mismo
que algún día la tierra
será de las mujeres y no de los hombres.

Grandes amazonas gobernarán
con un sentir innombrable,
con un sabor no entendido,
con un monstruo gritando tanto dolor
que hará temblar a las estrellas.

Ellas serán quienes hagan al sol mamar
          de nueva
fuente
y no dejarán a una madre morir nunca más.

Grandes hazañas de guerreras nacidas de guerreras.

Se hará de noche y ellas tendrán la respuesta.

 

Oración

Santo Niño altísimo mío,
¿por qué lloras ante las puertas del cielo?
¿Te han corrido del paraíso
o gritas para poder entrar?

Ayer fui a buscarte a la iglesia
pero encontré tu silla vacía,
tu capa, ropa, corona y cetro abandonados.

Salí registrando el humo del incienso,
miré al parque y a la calle, pero no te encontré.
Recordé tu desnudez,
cerré mis ojos, te vi llorar.

Santo niño queridísimo mío,
si esto te pasa a ti
que fuiste concebido en su gracia,
imagina lo que va a pasar conmigo
que fui procreado con su odio.
Hoy, entonces, miré mis ropas
ahí colgando como buitres,
dejé mi camisa, pantalón y zapatos abandonados.
Salí desesperado a tocar junto a ti
las puertas cerradas del cielo.

Cerré mis ojos, nos vi llorar.

 

La hueste (poema épico tardío)

                                                     
                                    Los días de la luz están contados...                                    
                                                      
                                       Novalis

Como si no fuéramos quienes tenemos que ser
estamos.

Sobre nuestros hombros,
el conocimiento de viejos guerreros.

La tradición abre sus brazos
y deja salir a sus cuervos.

Sobre todas las colinas hay fuego,
las almas están sitiadas
y los gritos son una danza de espejos.

No falta ninguno después de la promesa,
la gloria es estar en la batalla
y el día dejará de existir sólo por nosotros.

Vengan los magos y alquimistas,
vengan amazonas y guerreras,
hombres de conocimiento y niños viejos,
vengan, que la madre ha despertado
y debemos estar quienes tenemos que
ser.

 

Del hominem amorfo y el ojo lleno de dientes

para Agustín Cadena

I

No me llamo silencio aunque mi boca esté perdida.
No me llamo nada porque mi lengua se divide
y de ella nacen mis dos monstruosas hijas.

No me llamo Dios por no ser semejante a él.
No me llamo hombre por despreciar al bien
        y al mal.

No me llamo forma por tener todas y ninguna.

Y el ojo lleno de dientes muerde
la belleza que es mentira.

No tengo el misterio
de un gárgola
ni la fuerza del minotauro
ni soy terrible como una arpía
y ni siquiera canto el romance
de la bestia de dos espaldas.

Soy yo, casi
hombre, casi cara,
muñón de tierra, cerebro pétreo, hueso de agua,
         músculo de fuego.
Soy el que trata de tumbar una pared
          con un cabello,
el que platica con cada uno de sus miembros,
el que de llorar incendia sueños.

Y el ojo lleno de dientes muerde
la promesa de la redención.

 

II

La joroba del agua sale desde mi boca,
la dejo recorrer todo mi cuerpo inacabado.
El agua lleva
filos que me lastiman.
Grito pero sólo sale agua,
sé que es agua,
nunca quiso ser otra cosa el agua,
sólo agua.

Y el ojo lleno de dientes
muerde
el agua que no bebo.

 

III

Sanguijuela de mi alma es el cuerpo.
Lágrima que revienta,
trueno que busca entre uno y dos vacíos
nichos del silencio.

Así de amorfo este humano
sigue laberintos en sus codos
y calla la escritura indescifrable
que habita las rodillas.

Estoy que cuelgo de muerto,
soy costra de las paredes,
tengo la sombra inflamada de pus
en donde acuoso sonríe un ángel.

Y el ojo lleno de dientes muerde
la carne que se alarga sobre sí misma.

 

IV

Soy luna inválida
que llora carne en forma de astronautas.
Nacen en la tierra bizcos por la llama azul del fuego
y mueren ahogados en las coladeras
          o entre los dientes de las ratas.

 

V

Soy Prometeo podrido
y las ideas son lepra en mi cerebro.

Sólo nací para juzgarte.

Tu ojo nunca se
cierra,
es el párpado el que cae
y mi boca es la cansada respuesta
a un sueño que nace muerto.

 

VI

Nosotros somos el grito del dolor,
con nuestros cuerpos pagamos vuestros pecados,
somos la sangre del Cristo hecha carne,
somos todos nosotros.

Tú eres el más bello hijo de todos
pero una corona de demonios adorna tu cabeza.

Tu lengua es la espada que esperamos,
ven, abre bien los ojos
y observa el fracaso del hombre.

Lo podrido ha cubierto todo este cuerpo.

Y el ojo lleno de dientes muerde
la sangre de la ciudad sacrificada.

Y el ojo lleno de dientes muerde
la sangre de la ciudad sacrificada.

(de "Cantos siniestros a Chiapas", 1994).