Patricio Armando Sánchez

Hojas de tilo

A Efraín Barquero


Perdí esos caminos por donde otrora pasé tantas veces, apresurado,
huyendo de una montaña a otra a causa del viento.


Perdí los instantes más bellos de mi vida al paso de un puñado
implacable de gaviotas.


Perdí la voz en la multitud, pues el bullicio me condujo
inevitablemente al silencio.


Perdí los ojos en el vientre de una ballena que nunca me invitó a ver
la luz del mar.


Perdí el olfato tras oler largamente unas hojas de tilo, a orillas de
un afluente que jamás existió.


Perdí incluso el rostro en una riña encarnizada con los años y las horas.


Perdí las llaves de mi ciudad, que amé y que amo aún, pero que ahora
fue borrada del atlas por una mano despiadada.


Perdí también el tacto al caminar a oscuras contra muros de barro y piedra fría.


Perdí, en fin, todo, como el aliento y la saliva.


Mas en aquel despeñadero atroz, cogí - cual una piedra partida-, este
pedazo de alma rota, que es lo único que me acompaña en esta vida.

 

 

GUITARRA DE SOL

En las esquinas de la primavera:
Allí donde la uva es un anillo

Un gorrión en su rama de centella
Está buscando el sol sobre su nido.

La hierba emerge tibia mientras fluyen
Dulces remansos que saben a brisa,

Brisa soñando en el vuelo de un sauce,
Sauce que es agua pura y cristalina.

Todo es altura cuando la uva nace,
Entre coleópteros y moscardones,

Porque sus alas vienen de la aurora,
(la aurora es siempre una flor que amanece),

Y ya galopa el trigo florecido
Bajo este cielo fértil de colmena.




Hojas de tilo

A Efraín Barquero



Perdí esos caminos por donde otrora pasé tantas veces, apresurado,
huyendo de una montaña a otra a causa del viento.


Perdí los instantes más bellos de mi vida al paso de un puñado
implacable de gaviotas.


Perdí la voz en la multitud, pues el bullicio me condujo
inevitablemente al silencio.


Perdí los ojos en el vientre de una ballena que nunca me invitó a ver
la luz del mar.


Perdí el olfato tras oler largamente unas hojas de tilo, a orillas de
un afluente que jamás existió.


Perdí incluso el rostro en una riña encarnizada con los años y las horas.


Perdí las llaves de mi ciudad, que amé y que amo aún, pero que ahora
fue borrada del atlas por una mano despiadada.


Perdí también el tacto al caminar a oscuras contra muros de barro y piedra fría.


Perdí, en fin, todo, como el aliento y la saliva.


Mas en aquel despeñadero atroz, cogí - cual una piedra partida-, este
pedazo de alma rota, que es lo único que me acompaña en esta vida.



NUBE DE TABACO

Nada sabes del sol cuando los amigos
te abrazan con la sonrisa en los labios.

En todas las ciudades habrá un mesón
donde tú apoyarás tus codos en invierno.

Las calles son como gacelas
de circo a la hora del crepúsculo.

Por esto tú debes perdurar
en una nube de tabaco.

Serás feliz en la quietud de un instante,
aunque en realidad sólo halles sombras
en un espejo deformado.

No mereces desvivirte si la alegría
que te ofrecen tus amigos es sincera.

Tienes un camino frente a ti: convencerte
de que la risa es el preámbulo en la fábula,

después podrás hallar en otro espacio
otra ciudad en la que el sol busque tu rostro primigenio,

Pero aún no es el momento, ten paciencia.


(Lisboa, 1999)




EXTRANJERO


Tu semblante son los trenes que se duermen con el alba.
Llevas equipaje transitorio,
viajas.
Desciendes en un andén, te preguntan tu nombre,
no respondes.

Sin embargo, debes ser feliz porque estás vivo.
Vivir es algo sumamente serio para ti.

Extranjero,
Las aves se beben tus pestañas.
Recibes una carta.
Alguien te ama.
Una mujer te ama.
Una mujer espera que vuelvas a sus brazos.
No hay regreso.

Avanzas en un tren mas retrocedes en espacio.
Tu territorio lo has perdido.
Tu patria no te pertenece.

Los años son las moles de tu casa.
Tu nombre es el exilio.

¿Qué buscas extranjero?
Las horas te amenazan.


(Florencia, 1980)






LA CIUDAD


En cada país hay un lugar llamado Talca
y una iglesia de oro con ojos de paloma
kioscos soñolientos: revistas y periódicos
y muchachas sonrientes con el rostro cansado

Por las calles circulan vendedores de fruta
y alegres panaderos se aprontan a dormir
en lechos semejantes a enormes sepulturas
donde el amor espera sobre unos senos cálidos

El sacerdote cuenta las perlas de un rosario
y tañen las campanas para anunciar el alba
mientras los comerciantes conversan barren limpian

Automóviles pasan de prisa echando humo
y en la acera sonríen alegres secretarias
cuando los lustrabotas les lanzan un piropo





Patricio Armando Sánchez
Talca, Chile. 1959.
Poeta y profesor de Español.
Dirige el taller de poesía Rencontres Poétiques en Francia.

http://www.portaldepoesia.com/Textos_poetas/Patricio_Armando_Sanchez.htm

patricio.sanchez@wanadoo.fr